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Transparencia y participación como política de Estado

 Por Marcelo Cossar (*)

Época de balances, de valorar los aciertos y los errores. El año 2017, al menos en materia de política de transparencia, fue muy importante con un apunte clave: los gobiernos o son abiertos o dejan de ser puramente democráticos.
Esto que en el municipio de Córdoba es una política de Estado que aún debe seguir profundizándose y mejorando, necesita de más responsabilidades y responsables. Porque bajo la lupa del gobierno abierto todos en el Estado somos responsables, incluso los medios y los ciudadanos.
Hace algunas semanas, el intendente Ramón Mestre, en ocasión de asumir la Presidencia 2018 de Mercociudades (que la ciudad de Córdoba recuperó luego de 20 años), decía a los alcaldes, intendente y prefeitos del Mercosur: “No hay plan B: los gobiernos locales deben protagonizar la revolución de la participación, la innovación y la apertura”.
El Estado siempre ha sido un actor clave, y en estos aspectos más aún.

Porque hace falta voluntad política, desarrollar capacidades técnicas y políticas, inversión y también un cambio cultural (dentro y fuera del Estado). Y los ciudadanos debemos exigir más transferencia y más rendición de cuentas. Y juzgar con vehemencia a aquel que lo hace mal y a aquel que por inercia y picardía no dice nada de lo que hace y pasa desapercibido, sin letra de molde.
Todos necesitamos saber quiénes nos gobiernan. Es inadmisible que haya gobiernos que aún renieguen de publicar sus “Protocolos” o “Declaraciones Juradas”. Necesitamos que los gobiernos firmen su contrato de gestión con los vecinos; más y mejores planes de gobierno porque sólo se puede rendir cuentas sobre lo que se propone como objetivos y metas. Es inamisible también que hoy en Argentina sean contados con los dedos de una mano los gobiernos (por lo general locales) que tienen planes de metas de gobierno.
Tampoco se trata de “infoxicarnos”, intoxicarnos con la sobreabundancia de información que se vuelva censura. Algunos creen que publican mucho pero en verdad no dicen nada. Esos en realidad publicitan (sí, con dinero) mucho.
No publicar, ocultar o tapar no es sinónimo de corrupción sino de opacidad. Sin embargo, es desde ahí de donde la corrupción se hace más fácil. Por eso la transparencia es volver a la corrupción una empresa de alto riesgo. La transparencia y la rendición de cuentas no son una opción. No hay opción al gobierno abierto, moleste a quien molestare.
El problema es de larga data y excede nuestras fronteras, si no nadie se explica por qué la democracia demoró 33 años en darle a Argentina una Ley de Acceso a la Información Pública.
En efecto, si bien “la política” es un sistema perfectible y debatible en tantos puntos de vistas como personas existan, lo que no está en juego en el debate es que la transparencia pueda tener cosas malas. No al menos para la vida pública.
Además, debemos pasar de la transparencia como principio a la rendición de cuentas.
Mi deseo para el nuevo año es que todos exijamos más transparencia, más rendición de cuentas. Afecte a quien afectare, se trata de un cambio cultural en el que siempre gana la ciudadanía.
Somos muchos los municipios de Córdoba. Ahí podemos generar un “shock cívico”.
Nuestra provincia es demasiado importante en la historia institucional del país como para que esté ausente de este debate. No es buena señal.
La ciudad de Córdoba avanza sostenidamente y todos los días en este cambio cultural. Avanzamos.
(*) Secretario de Modernización, Comunicación y Desarrollo Estratégico de la Municipalidad de Córdoba