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Revolución digital

Por Sergio Castelli* y María Constanza Leiva **

Por Sergio Castelli* y María Constanza Leiva**

El revuelo que ha girado en torno a los derechos de autor en los últimos días tiene su raíz en la reforma sobre su regulación que propuso la Comisión Europea (CE), cuyo debate ocurrió la semana anterior, que generó una gran cantidad de manifestaciones a favor y en contra.
Entre las principales modificaciones figuraba establecer un derecho exclusivo para los editores de prensa de autorizar o prohibir a las plataformas online de noticias que usen sus contenidos, y obligar a plataformas de servicios online, como YouTube, a que utilicen un filtro preventivo contra la piratería, que les permita controlar a los usuarios que publican en su plataforma.
La reforma también comprende la protección a los creadores y mejorar la rentabilidad por el uso de sus obras online.
El principal generador de polémica fue el artículo 11 del proyecto, que crea un nuevo derecho a los editores de prensa en los medios de comunicación, permitiéndoles que autoricen o prohíban la reproducción de sus contenidos en la web.
De este modo, además de proteger la obra en sí misma, se les otorga un mejor derecho sobre la obra en conjunto, permitiéndoles que se encuentren en buena posición a la hora de negociar el uso de sus contenidos en la red.

Esta nueva protección tendría una vigencia de 20 años y sería válida solo online.
Uno de los grandes argumentos en contra fue expresado por Antonio Vargas, gerente de Políticas Públicas de Google España, quien manifestó: “Si alguien tiene que cobrar por publicar algo por medio de un tercero, es una decisión empresarial y no de la ley”.
Otro alegato en contra es considerar suficiente con el derecho de autor que le ceden los redactores y fotógrafos a las plataformas online, entendiendo que lo que trae el proyecto es una segunda protección para los editores, que es redundante e innecesaria, y que incluso podría afectar a cualquier ciudadano que enlace contenido y lo comparta en alguna red social, sosteniendo además que el riesgo se podría trasladar a los medios pequeños que no se encontrarán en condiciones de licenciar sus contenidos con la misma facilidad que los más grandes.

Wikipedia realizó una de las protestas más resonantes: cerró temporalmente su plataforma, en evidente desacuerdo con la reforma, expresando que de aprobarse “podría dañar significativamente la Internet abierta, poniendo barreras y restricciones para acceder a la web”.
Sin embargo y pese a las grandes presiones de artistas, discográficas y estudios de cine, que impulsaban la reforma, el Parlamento europeo le dijo “no” al proyecto. “El voto es una victoria para la democracia”, vociferó el representante de EdiMa, que agrupa las mayores empresas del sector de las tecnologías, entre las que encontramos a Google, Apple, Facebook y Amazon.
Este rechazo significa que el Parlamento europeo no podrá iniciar negociaciones sobre esta reforma con los Estados miembros y la CE.
No obstante, el texto volverá a ser tratado por los legisladores en septiembre.
La CE no pierde esperanzas y sigue en su lucha por modernizar los derechos de autor para que se adapte a la nueva era, la de la revolución digital.

* Agente de la Propiedad Industrial ** Abogada

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