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La neutralidad de Internet

Por Matías Altamira * – Exclusivo para Comercio y Justicia

  Por Matías Altamira *

Es noticia mundial que la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ha dispuesto el cese de la neutralidad en Internet, lo que genera grandes incógnitas para el futuro de la red.
La neutralidad de red es el principio por el cual los proveedores de servicios de Internet y los gobiernos que la regulan deberían tratar todo tráfico de datos que transita por la red por igual, sin discriminarlo o cobrar al usuario de manera diferente según el contenido, página web, plataforma, aplicación, tipo de equipamiento utilizado para el acceso o modo de comunicación.
Bajando el concepto a la práctica, la Administración del presidente Barack Obama dispuso que, cuando una persona busque determinada información en Internet, el proveedor de servicios no elija qué información mostrarle primero y cuál no mostrarle, por ejemplo, por no haber logrado que sea auspiciante del proveedor, sino que se brinde toda la información relacionada sin criterio comercial de selección.

Ahora, la Administración del presidente Donald Trump dispuso que esta prohibición sea eliminada, por lo que los proveedores de Internet y demás servicios relacionados podrán seleccionar cuál información difundir, a quién mostrársela, cuándo hacerlo, distinguiendo por ubicación geográfica, entre otros tantos parámetros. Argumenta que los proveedores de servicios de Internet (ISP, por sus siglas en inglés) no invierten en infraestructura crítica porque el marco regulatorio es demasiado restrictivo y les impide obtener un mejor rendimiento de sus inversiones, lo que desalienta la innovación.
Esta decisión ha generado gran conmoción en la comunidad mundial, al punto que algunos fiscales de Estado, como el de California, están analizando promulgar una ley que reinstaure la neutralidad en la red para los servicios brindados a los residentes de su Estado. Argumentan que los proveedores de conectividad podrán imponer arbitrariamente a sus abonados cuotas adicionales si éstos quieren acceso a ciertas páginas de Internet que utilizan grandes cantidades de datos, como es el caso de Netflix.

Esta nueva postura está en línea con lo resuelto para las prestadoras de televisión por cable, y también con otros prestadores de servicios, como es el caso de los supermercados, para lo que es oportuno hacer un paralelismo, ya que cuando uno ingresa a estas grandes superficies de comercialización de productos, al criterio de selección de marcas; ubicación en punta de caja, a la altura de la vista, o a centímetros del piso; precios, descuentos y oportunidades con determinados medios de pago; servicios asociados, como es la opción que el carnicero le elija un corte particular en reemplazo de buscar la bandeja de la góndola, entre tantas otras cuestiones, las decide el mismo comercio, sin intervención alguna del consumidor, teniendo éste último que adecuarse a esa lógica que luego de varias visitas logra descifrar, y, si no lo logra, cambia de supermercado, hasta encontrar el que más le simpatiza.

El fin de la neutralidad estimo que será similar, ya que cada prestador de servicios imprimirá a su comercio su propia lógica comercial, y los usuarios/consumidores deberán elegir con cuál navegar por Internet, lo que quizás genere buenas oportunidades para prestadores de menor tamaño, lo que sería el almacenero de barrio, que le brinda información más acotada, más particular y específica de un rubro o área de la ciencia determinada. Si presta un mal servicio, si para ver películas por Netflix demora mucho en ingresar, o no se pueden descargar series, entonces el consumidor buscará otra opción; seguramente al principio no tendrá muchas alternativas, pero con el correr del tiempo, nuevos proveedores verán un potencial comercial interesante e invertirán.
Estas decisiones se podrán mensurar en el mediano plazo, por ahora estamos todos alborotados.