Home  >   Opinión   >   Elegir a un presidente mediante sentencia

Elegir a un presidente mediante sentencia

La elección presidencial de Estados Unidos de 2000 se decidió en la Justicia

Por Luis R. Carranza Torres

El 13 de diciembre de 2000, la Corte Suprema de Estados Unidos emitió fallo en el proceso más debatido del país.
Se trataba de los autos “Bush vs. Gore”, en los que debía resolver respecto del writ of certiorari interpuesto por el candidato republicano George W. Bush contra la decisión del máximo tribunal del estado de Florida de extender el conteo manual de los votos a tres condados claramente demócratas, cuando la diferencia a su favor respecto del contendiente demócrata, el vicepresidente Al Gore, luego de los recuentos dispuestos por la ley estatal, habían reducido su ventaja de las 1.784 boletas del primer escrutinio por máquina a solo 537, sobre un conjunto de seis millones de votos emitidos.
Bush todavía era ganador con 48,847% de los votos frente a un 48,838% de Gore. Pero entonces, la Corte Suprema de Florida había autorizado extender el plazo del recuento más allá del legalmente establecido para entregar los resultados, así como ordenar el recuento manual en tres condados de voto predominantemente demócrata. Fue entonces cuando Bush presentó un writ of certiorari ante la Corte Suprema de Estados Unidos a fin de que revocara la decisión del tribunal de Florida.
A nadie le quedaban dudas de que, decidiera lo que decidiere el tribunal supremo, en la práctica decidiría nada menos sobre que quién sería el próximo presidente del país. Ambos contendientes habían estado muy parejos en número de delegados al colegio electoral para elegir presidente, por lo que quien se llevara los 25 delegados de Florida pasaba a tener el mayor número de ellos.
En la previa al fallo de la Corte, en tanto, el estado de Florida defendía el recuento ya efectuado y, dado por terminado, sectores críticos señalaban deficiencias en el recuento a máquina. Gore y los demócratas ya lo habían denunciado por “serias irregularidades”, en tanto del lado republicano se rechazaba dicho planteo, instándolos a aceptar el resultado y a “no construir una crisis sobre una falsa polémica”, en palabras de Karl Rove, jefe de campaña de Bush.
Varios congresistas federales y estatales habían tratado de impugnar las elecciones pero no obtuvieron los respaldos suficientes.
En la audiencia en que se trató la “acción de certidumbre” -similar a nuestra acción de amparo-, los abogados de una y otra parte, Theodore Olson Bevry por los republicanos y Laurence Tribe por los demócratas, se sacaron chispas. Tampoco se quedaron atrás en las preguntas punzantes los diversos miembros del tribunal.
La resolución de la Corte quedó registrada bajo la nomenclatura “531 U.S. 98 (2000)”. En ella, siete de los nueve ministros de la Corte Suprema coincidieron en que lo decidido por el tribunal supremo de Florida resultaba inconstitucional, violatorio de la ley electoral vigente.
Hasta en la propia sentencia se hizo constar lo histórico y excepcional que resultaba el pronunciamiento, cuando se expresó en la opinión concurrente de la mayoría: “Nadie está más consciente de los límites impuestos a la autoridad judicial que los miembros de esta Corte; nadie manifiesta mayor admiración por el diseño constitucional que deja la elección del presidente a la esfera política por decisión del pueblo, a través de sus legislaturas. No obstante, cuando las partes contendientes recurren al proceso ante los tribunales, ello conlleva insoslayables responsabilidades para resolver las cuestiones de constitucionalidad federal que el sistema judicial tiene la obligación de enfrentar”.
En virtud de lo resuelto, la Corte Suprema estableció: “La resolución de la Corte Suprema de Florida queda sin efecto y este caso le es remitido para los efectos procedentes, siempre y cuando no sean inconsistentes con la presente sentencia”.
A los efectos de materializar lo resuelto determinaba: “De acuerdo con la regla 45.2 de esta Corte Suprema, el secretario queda instruido para hacer efectiva la resolución de este caso de inmediato. Así queda ordenado”. Con ello, se paralizaba la posibilidad de un recuento manual y se petrificaba la cifra de votos en la ya contabilizada, que declaraba ganador a Bush.
Era una particularidad más de un proceso electoral de por si bastante particular. George W. Bush fue el presidente electo por número de delegados. Su contrincante, Al Gore, si bien quedó en segundo lugar en el número de delegados electorales, recibió 543.895 votos individuales más que Bush a lo largo del país. Pero perdió en su Estado natal, Tennessee, donde él y su padre habían sido senadores. De hecho, si hubiese ganado Tennessee, habría ganado las elecciones sin necesidad de los delegados de Florida. Se convirtió así en el primer nominado presidencial de un partido importante en perder su Estado natal desde que George McGovern perdió Dakota del Sur en las elecciones de 1972. Para no ser menos, su candidato a vice, Nader, también fue derrotado en su Estado natal, Connecticut.
Como se la mire, una elección llena de particularidades. Sentencia incluida de la Corte Suprema para concluir con el escrutinio.