Home  >   Opinión   >   El riesgo en los movimientos antivacunas

El riesgo en los movimientos antivacunas

Por Luis Carranza Torres* y Carlos Krauth**

 Por Luis Carranza Torres* y Carlos Krauth **

La inexistencia de la verdad, la relatividad de la moral, es la idea de que no existe una realidad externa al hombre, por lo que lo que todo se reduce a un discurso que depende de la interpretación que haga cada uno o hagan los grupos de poder. Tal forma de pensar es uno de los efectos más extendidos y peligrosos que la posmodernidad tiene entre nosotros. El rechazo a la racionalidad es el centro de su concepción, lo que se traduce también en su desprecio por lo científico y que, en el campo de lo político, se ve reflejado en los movimientos llamados populistas.
Podríamos enumerar muchas más consecuencias de la posmodernidad, pero hoy queremos tratar en esta columna la que es, a nuestro entender, una de las más perjudiciales socialmente: el rechazo por la medicina tradicional y su reemplazo por curas o sanaciones naturales o pseudocientíficas. Una de las peores manifestaciones de esta idea son los movimientos antivacunas que se están extendiendo por Europa y están causando graves problemas, sobre todo entre la población infantil.
En Italia, por ejemplo, hay una epidemia de sarampión que va en aumento, y que se debe -según se afirma- a una campaña de ciertos grupos de poder y partidos políticos de corte populista en contra de la vacunación obligatoria y de la medicina tradicional.

Según informes públicos provenientes del Ministerio de Salud, en 2017 se reportaron 4.991 casos de sarampión, casi seis veces más en comparación con 2016. Es tan preocupante la expansión de la enfermedad que la epidemia ha matado a cuatro personas el año pasado, lo que ha llamado la atención de la Organización Mundial de la Salud y de otras autoridades internacionales en la materia.
Respecto a la gravedad del tema y a la responsabilidad de algunos partidos políticos, la ministra de Salud de la República de Italia, Beatrice Lorenzin, manifestó: “Los datos (de contagios de) sarampión son realmente preocupantes, debido a una desinformación grave, peligrosa y anticientífica, que también han difundido fuerzas políticas, lo que ha conducido a no vacunarse”.
Precisamente, hace unos meses, el New York Times, respecto a este tema, publicó una editorial titulada: “Populismo, política y sarampión”, en la que denunció el tema haciéndose eco a su vez de un tuit de 2014 de Donald Trump que calificó de “completamente carente de fundamento e irresponsable”: “Un niño completamente sano, va al médico, le meten un montón de vacunas, no se siente bien y cambia – Autismo. ¡Muchos casos!”. Como puede verse, éste es un problema global y que no se circunscribe sólo a un país.
En Argentina también hay movimientos al respecto, por medio de los cuales se vienen escuchando voces que tratan de imponer esta “moda”, lo que se vio reflejado en un intento de eliminar la obligatoriedad legal de vacunar a los niños, proyecto que -por fortuna para la salud de todos, en un país propenso a discutir hasta lo indiscutible- no prosperó.
También se ha pretendido judicializar la cuestión por la vía del amparo, llegando algunos casos inclusive hasta la Corte Suprema que, como era de prever, fueron rechazadas. La cordura también se halla judicializada, en lo que respecta al asunto.
Esperamos se mantenga tal orden de cosas. Recordemos que el derecho a la salud no es sólo individual sino -acentuadamente- social. La prevención de enfermedades contagiosas es una carga pública, desde lo jurídico, y un deber de elemental humanidad con el otro, cualquiera que sea el sistema de creencias que se profese.
En la actualidad, la barbarie pasa no tanto por la ausencia de conocimiento como en otros tiempos sino por la negación de pautas evidentes de racionalidad en el actuar.
Este tipo de irracionalidades en el decir y actuar lo prueba acabadamente.

* Abogado, doctor en Ciencias Jurídicas. **Abogado, magister en Derecho y Argumentación Jurídica