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Ahora no queremos un Leviatán

Por Adolfo Ruiz – Jefe de Redacción de Comercio y Justicia

Otra vez nos pasó como hace tres meses, cuando los cordobeses descubrimos que quienes nos debían defender de los narcotraficantes en realidad negociaban con ellos. Los que nos cuidaban eran los que nos agredían.

Por Adolfo Ruiz – Jefe de Redacción de Comercio y Justicia

Durante el martes y el miércoles últimos, otra vez los cordobeses nos sentimos solos. Pero esta vez esa soledad mostró su más cruel faceta. El desamparo se convirtió en saqueos, el saqueo en barbarie, la barbarie en destrucción, la destrucción -otra vez- en soledad.

Una interminable noche digna del farwest, con comerciantes defendiéndose armas en mano, con grupos de vecinos plantando barricadas para frenar los ataques, con linchamientos públicos de culpables -y de sospechosos-. Y lo peor: con autoridades arrojándose culpas unas a otras, más atentas a la pelea chica y miserable que a la intención firme de traer las soluciones por las que el pueblo clamaba.

Al medio de todo ello, la decepción. A sólo una semana de la multitudinaria Marcha de la Gorra, la misma que pretende desde hace siete años ponerle algún freno a la prepotencia policial, debemos resignarnos los cordobeses a saber que la policía es mucho más necesaria que lo que pensábamos.

De ser -en ocasiones- la causante de episodios luctuosos, ahora la dramática ausencia de ella dejaba el terreno liberado para la delincuencia de más baja estofa, aquella que se aprovecha del caos para sacar rédito.

Cómo se vuelve
Lo que no sabremos los cordobeses, al menos por un buen tiempo, es cómo se saldrá de esta incómoda realidad en la que el tejido social terminó espantado al ver su propia imagen.
Cómo se leerán esos dolorosos saqueos, esas hordas de jóvenes a bordo de motocicletas, barriendo con todo lo que encontraban a su paso. Cómo se sanarán las heridas de tantos pequeños y medianos comerciantes que perdieron todo en una sola noche de soledad absoluta.

Tal como sucedió después del desastre de los incendios -a finales de agosto-, seguramente en las próximas semanas asistiremos a una compulsa de dádivas, planes, programas y beneficios, en la que los gobiernos municipal, provincial y nacional superpondrán planes y sobreactuarán asistencia a los damnificados. Que sin dudas la necesitan de forma urgente, pero que en igual medida lo requieren de manera coordinada. Tal vez sea mucho pedir…

Con todo ello, donde con certeza no se podrán esperar soluciones mágicas será en la reconstrucción de la confianza colectiva, en la reedificación del contrato social (si tal cosa existiera), en la posibilidad de volver a confiar en el vecino que vi como saqueaba mi negocio.

No está claro cómo haremos los cordobeses de ahora en más para volver a establecer un nuevo acuerdo sin necesidad de instalar el temerario Leviatán de Hobbes, en el cual el Estado es el único que puede evitar que el hombre se vuelva lobo del hombre.