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Los desafíos de la psicología en el abordaje de los casos de violencia de género

La especialista Cecilia Barros señaló que la problemática invita a pensar, interpelar y revisar acciones del campo disciplinario

Por Luz Saint Phat – lsaintphat@comercioyjusticia.info

Ayer se conoció que una mujer de 30 años fue asesinada de 20 puñaladas, en la madrugada del martes, en la ciudad pampeana de General Pico. Por el hecho, según las primeras precisiones que trascendieron a la prensa, se encuentra detenido un hombre de 27 años, quien confesó el crimen a una familiar.
Éste es uno de los tantos casos sucedidos en el país que se conocen diariamente y que, sin duda, ponen de relieve una problemática profunda de nuestras sociedades, como es la violencia de género.
Cecilia Barros es licenciada en Psicología y posee un posgrado en terapia familiar sistémica. Además, se ha formado en clínica de niños, niñas y adolescentes y en coordinación grupal. Actualmente es integrante de una consejería en derechos sexuales y no reproductivos, y también autora de artículos vinculados con la violencia familiar y el maltrato infantil.
En diálogo con Comercio y Justicia, la especialista delineó algunos desafíos para el abordaje psicológico de estos casos y afirmó que esta cuestión invita a pensar, interpelar y revisar el hacer profesional en este campo disciplinario.

-¿Cuáles son hoy los principales desafíos de la psicología en el abordaje de los casos de violencia de género?
– Conforme la práctica en una de las instituciones abocadas a esta problemática, me animo a postular que es necesario revisar nuestras líneas teóricas así como las intervenciones psicológicas, en el marco de los nuevos territorios donde se desarrollan estas violencias. Esto nos invita a pensar, interpelar y revisar nuestro hacer, conociendo los paradigmas de las ciencias sociales como son la sociología, la antropología, la lingüística, la política economía -y por supuesto la psicología-, y también de aquellas ciencias que pueden aportar a entender la transversalidad de esta problemática. Esto es así porque hoy nuestras intervenciones están sujetas a la complejidad de los casos; no sólo basta abordar en el mundo “psi” de las mujeres.
Es fundamental contar con conocimientos en perspectiva de género y en derechos humanos, además de informarse sobre tratados y legislaciones que garantizan la defensa de las mujeres, lo cual posibilita una intervención profesional desde la comprensión de la relación asimétrica de poder y de sometimiento que pueden existir en las parejas. También permite comprender la reproducción de las violencias en otros espacios de ciudadanía adonde las mujeres acuden para reivindicar aquellos derechos vulnerados. Es importante, además, poder identificar los obstáculos en el recorrido que ellas han transitado en los ámbitos institucionales de la salud y la justicia.

Otro desafío importante es la deconstrucción del propio patriarcado, interrogándonos sobre cuántas de aquellas prácticas del buen ejercicio responden a los mandatos del sistema cultural patriarcal, que además forman parte de nuestra identidad personal como profesional. El hecho de desandar nuestros propios estereotipos de la matriz heteronormativa y patriarcal puede ser una tarea ardua y es una meta a conquistar. También es fundamental trabajar y abordar los casos en red porque el aspecto comunitario es clave; como también es importante el derecho al autocuidado, porque quienes trabajamos estas temáticas estamos en constante exposición a las consecuencias del conocido síndrome de burnout.

– En los últimos tiempos la cuestión del maltrato a las mujeres ha ocupado una buena parte de la agenda pública, sobre la base de la visibilidad que han tomado las acciones de los feminismos. ¿Esto incide en las consultas de sobre este tema? ¿Cuáles son las principales problemáticas que plantean quienes consultan?
– Por supuesto que la exposición y mediatización de los relatos y también de las denuncias de mujeres vinculadas con el arte, la música, la actuación y otros escenarios públicos ha facilitado la visibilización de la problemática y, en consecuencia, podemos decir que las historias locales -así como las de trascendencia y cierta notoriedad- han generado reacciones de muchas mujeres y también de otros actores sociales. Si bien las estadísticas les corresponden a los organismos oficiales, el efecto se observa en el incremento de las consultas espontáneas, tanto al Centro de Atención a Mujeres en Situación de Violencia como por llamadas a la línea nacional 144, que informan de la línea provincial 0800-888-9898.

Cabe destacar también que las múltiples y variadas acciones de los feminismos pusieron fuertemente el problema de las violencias hacia las mujeres en diferentes esferas de discusión, creando tramas para que toda la población puede asociar que la lucha no es sólo patrimonio de nuestro género sino que se ha sumado a la sociedad civil como a los representantes del Estado, quienes han impulsado nuevas leyes de protección y garantía de los derechos humanos. Por todo esto, quienes trabajamos en el campo de la psicología tenemos que asumir con responsabilidad nuestro ejercicio, aportar y apoyar toda acción humana que proclame la equidad e igualdad de los géneros.
Respecto a los principales problemas que se plantean en la consulta psicológica, aparecen aquellas derivadas de la violencia económica, situación que aflige a las mujeres y que muchas veces agudiza situaciones de carencia de alimentación, acceso a trabajo y a vivienda, dejando para el último en su lista de prioridades la salud emocional. Otra de las preocupaciones de las mujeres se relaciona con sus hijos, y esto tiene vinculación directa con la desorganización en la vida cotidiana y con el daño generado por la violencia intrafamiliar. Muchas veces es tal el deterioro en las mujeres, que la asistencia debe coordinar tratamientos complementarios con áreas en salud mental.

– ¿Existen diferentes guías o protocolos en Córdoba y en Argentina para abordar desde la salud mental esta problemática?
– Entiendo que en los diferentes estamentos municipales, provinciales y nacionales existen, y así lo exigen la ley nacional 26485 y, aquí en Córdoba, la ley provincial 9283, que garantizan el abordaje psicológico de las mujeres que transitan y son víctimas de la violencia familiar y de género. Esto tiene aplicación tanto en el ámbito oficial como en la práctica privada. El eje principal es el tratamiento psicológico que tiene como objetivo que la mujer se fortalezca, se apropie y empodere nuevamente de sus capacidades personales, que ejerza plenamente sus derechos, su autonomía y su vivir libre de cualquier violencia. Para tal propósito pueden utilizarse diferentes dispositivos, ya sea en espacios individuales o en grupales.