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Las emociones y la cuestión de género, factores que invisibilizan los trabajos de cuidado

Una mirada interdisciplinar permite reconocer las distintas variables que contribuyen a que hoy estas tareas todavía sean subvaloradas

Por Luz Saint Phat – lsaintphat@comercioyjusticia.info

El avance de las discusiones sobre género y sobre el rol que históricamente han ocupado las mujeres en la sociedad ha puesto sobre la mesa importantes debates, entre los cuales se destaca la cuestión del cuidado de las personas.
Lejos de abordarse desde una mirada sólamente del campo de la salud mental, la problemática es de interés interdisciplinar porque el tema posee aristas tanto psicológicas, como sociales y económicas.
Según un artículo publicado recientemente en la última edición de la revista de Salud Pública que pertenece a la Escuela de Salud Pública y Ambiente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), se hace necesaria y urgente la reflexión sobre la invisibilización de estas labores que, al menos en América Latina, generalmente se desarrollan en la informalidad y dentro del ámbito privado y familiar. La publicación, titulada “¿Por qué preocuparnos de los cuidados y de sus visibilización en la sociedad?”, fue escrita por el licenciado en Enfermería Hugo Juanillo Maluenda y la licenciada en Antropología María Alejandra Sánchez-Bandala.

Desde un primer momento, los autores plantean que la tarea es una “necesidad universal para la preservación de la vida y el bienestar de las personas” y que posee un carácter multidimensional ya que articula “dimensiones identitarias, afectivas, económicas y políticas”.
En sus disquisiciones, el texto advierte de que “en América Latina los cuidados se producen en un contexto de informalidad, distribución desigual de las responsabilidades y escasa valoración de este rol social”. Todo esto, en una coyuntura donde se asiste a un envejecimiento poblacional de la región, una creciente inserción de las mujeres en el mercado laboral y de importantes flujos migratorios.
En este escenario, la cuestión de género y las emociones involucradas en las tareas parecen ser algunos de los principales factores que explican la invisibilización de este tipo de trabajo.
Sobre este punto, dicen los autores del texto científico que “si bien se ha ido aceptando que las tareas de cuidado han adquirido relevancia como trabajo, éstos se mantienen mal distribuidos y subvalorados por múltiples razones entre las que destacan las emociones que se involucran en ellos (las personas no pagan por amar o ser amados), la dificultad de las mujeres para darse cuenta que las labores que ellas realizan son importantes para la supervivencia humana y la salud de las personas, y los contextos domésticos en que generalmente se procuran, lo que tiende a invisibilizarlos y producir la anulación social de su importancia”.

Específicamente referido al rol tradicional de género, el desarrollo de la publicación da cuenta de que, si bien las mujeres históricamente han tenido a su cargo el cuidado de las familias “fue en las primeras décadas del siglo XX que el trabajo doméstico realizado por ellas se consigna como tal, pero clasificado como una ‘actividad improductiva’, lo que contribuyó durante décadas a la opacidad de esta actividad independiente de su contribución a la economía”. “Esto porque, tras invisibilizarse el tiempo invertido en las tareas, se constata a partir de las investigaciones, que las mujeres están doblemente presentes en la economía; esto es tanto en los sistemas monetizados (por la incorporación al mercado laboral) como en los no monetizados (trayectoria histórica en las tareas de cuidados)”, agrega el texto.
Al referirse a los desarrollos teóricos, dicen los investigadores, “se aprecia que a través de los años se amplía la conceptualización y relevancia de los cuidados en la sociedad, al plantearlo en un contexto de emociones en un principio, para luego incluirlo en la categoría de un trabajo que debe ser reconocido como tal, con el objetivo de obtener una valoración social que permita conllevarlo a las esferas del trabajo formal y su consecuente protección social”.

“Este reconocimiento debiera implicar una mayor visibilización de las labores de cuidado en la sociedad en todos los escenarios en que se presente, desde la atención que se procura a la primera infancia como la provisión de cuidados a las personas mayores o en situación de dependencia, existiendo en muchos casos deficientes condiciones técnicas para que éstos se puedan proporcionar de una manera óptima y de calidad”, señalan también los autores del artículo.
Es por esto que en el texto consultado, se argumenta sobre la necesidad de visibilizar la importancia social del tema y de incluirlo “en el debate público, a fin de construir políticas que promuevan la responsabilidad compartida del Estado, el mercado, la familia y la sociedad civil en la construcción de un sistema integral”.

“La necesaria visibilidad que deben alcanzar los cuidados es fundamental para que los Estados implementen servicios que contribuyan a mitigar la carga histórica que por años ha recaído en la provisión de cuidado informal y femenino, sean brindados bajo estándares de calidad, sean sustentables en el tiempo, y sean coherentes a las necesidades y contextos sociales actuales”, dicen Juanillo Maluenda y Sánchez Bandala, a la vez que concluyen que “en el momento en que las políticas consideren el cuidado como una cuestión de derechos, se logrará que las personas consigan los cuidados que necesitan independientemente de su condición y de su posición en la estructura económica, beneficiando tanto a los receptores (menores de edad, personas mayores y personas en situación de dependencia) como a quienes los brindan en los hogares”.