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“La toxicomanía es el paradigma del consumo”

La psicoanalista Liliana Aguilar aborda la complejidad del fenómeno de las drogas en la actualidad e invita a repensar el concepto de prevención

Por Luz Saint Phat – lsaintphat@comercioyjusticia.info

“Las drogas” es un tema frecuente en distintos ámbitos. El consumo problemático de sustancias por adolescentes y jóvenes, las advertencias sobre los efectos de las toxicomanías en el comportamiento de las personas, el negocio del narcotráfico, el decomiso de cargamentos ilegales y los tratamientos posibles se encuentran entre las prioridades de la agenda mediática y de salud pública.
A propósito de este fenómeno, que se enmarca en una sociedad caracterizada por el consumo, el próximo sábado 24 tendrán lugar las VIII Jornadas del Departamento de Toxicomanía y Alcoholismo del Centro de Investigación y Estudios Clínicos (CIEC), en la sede de la Cámara Argentina de la Construcción en Córdoba, bajo el título “Paradojas de la prevención”.
Liliana Aguilar, psicoanalista, responsable de este departamento, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), dialogó con Comercio y Justicia.

– ¿Es posible pensar la prevención como modalidad para evitar el fenómeno de la toxicomanía en la actualidad?
– Si ponemos el acento en la última palabra de la pregunta, podríamos reformular la pregunta en estos términos: ¿cómo prevenir el consumo en una sociedad de consumo? En principio no parece algo sencillo porque, después de todo, la toxicomanía es el paradigma del consumo. A tal punto es así que decimos que eso que era específico de las toxicomanías se ha generalizado y de alguna manera somos todos un poco toxicómanos en esta sociedad. Lo que habría que interrogar también es si acaso la prevención no se ha vuelto, ella misma, un objeto de consumo. La relación entre la prevención y la toxicomanía lleva ya algunos años y no estaría mal interrogarla, cuestionarla, y a partir de allí poder sacar algunas consecuencias. Es lo que nos proponemos hacer en las próximas Jornadas del Departamento de Toxicomanía y Alcoholismo del CIEC. Queremos poner el acento en las paradojas que pueden tener hasta las políticas que se consideran más inocuas.

– ¿Por qué considera que el tema de la prevención hoy es central en el discurso de las políticas públicas y de los tratamientos existentes?
– Desde que las drogas se volvieron un problema -porque hay que decir que si bien existen desde siempre, no siempre han sido un problema-, se han implementado distintas políticas, que responden a lo que en cada época se ubica como ideal, lo que se concibe como lo que está bien y lo que está mal, lo que es sano o enfermo. Por ejemplo, la política de la “guerra contra las drogas” implementada a partir de los años 70 responde a los cánones de su época. Poco importa si tiene o no tiene efectos, si funciona o fracasa -de hecho hoy en día nadie se atrevería a negar que fue un fracaso-, simplemente se cree en el “no”, en la prohibición como un modo de regular el goce. Hoy en día algunas cosas han cambiado, la política de “reducción de daños” ha venido a prometer, ya no en manos de la guerra sino en manos de la prevención, una nueva esperanza. La creencia vuelve a ser ciega: hay que prevenirse de casi todo porque casi todo puede causar algún daño. Así como la política de la “guerra contra las drogas” mostró sus paradojas en el punto en el que no se sabía bien si el Estado era el que combatía, administraba o producía el narcotráfico -o las tres cosas al mismo tiempo-, es necesario interrogar ahora las paradojas de la prevención. ¿Cómo es posible que estemos cada vez más prevenidos y al mismo tiempo cada vez más expuestos al peligro? Evidentemente el peligro hoy está por todas partes, podríamos decir incluso que el miedo es la forma que ha tomado el malestar actual.

Como correlato de este miedo generalizado, la prevención se ha vuelto un bien supremo. Es lo único que permite entender la razón por la cual el sujeto contemporáneo consiente tan dócilmente sus más preciados derechos y libertades en favor del control y la vigilancia. Lo hace porque tiene miedo y está dispuesto a darlo todo con tal de estar un poco más seguro. Y aunque alimente así el poder, en el que espera refugiarse, el poder -por su lado- se evidencia cada vez más impotente a la hora de brindar seguridad. Cada vez menos derechos pero también menos seguridad contextualizan el terreno en donde el reino de la prevención va a mostrar todas sus paradojas.

– ¿Qué alternativa a la prevención puede ofrecer el psicoanálisis de orientación lacaniana para el abordaje de las toxicomanías?
– El psicoanálisis nos enseña que el goce no sólo es poco prevenible sino además tiene una dimensión indomesticable. El mismo Sigmund Freud lo constata de entrada, sus pacientes hablaban de lo que les pasaba, mejoraban, pero al cabo de un tiempo repetían eso que los hacía sufrir. Lo que Freud ubica en términos de “compulsión a la repetición” y que Jacques Lacan recupera como uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis, es eso, una insistencia caprichosa que anida en el goce de cada quien. Esto mismo es con lo que se enfrenta la prevención. Volviendo a la pregunta ¿qué puede ofrecer el psicoanálisis al toxicómano?, podemos decir que, en primer lugar, el psicoanalista ofrece una renuncia: la de no ejercer ningún poder sugestivo. Esto es un compromiso nada fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que la sugestión es inherente al mismo hecho de hablar. Sin embargo, para un psicoanalista esta renuncia es una cuestión de principios. En segundo lugar, puede ofrecerle la posibilidad de tratar su goce por vías menos cortas que las que ofrece el consumo, y para eso es necesario referirlo al lenguaje, a las palabras. Algunas veces esto permite que el goce se ponga al servicio de un deseo de vivir. Ésa es la apuesta.