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La “masculinidad tóxica”, un problema regional que subyace a la sobremortalidad de los hombres

Las causas principales de muerte en este segmento son la violencia interpersonal, los traumatismos causados por el tránsito y la cirrosis hepática, las cuales se vinculan con formas hegemónicas del comportamiento viril

Por Luz Saint Phat – lsaintphat@comercioyjusticia.info

¿Por qué las mujeres viven más que los hombres? Ésta es una pregunta recurrente que más de una vez es disparadora de bromas.
No obstante, este interrogante está basado en un dato real y relevante de la salud pública. Según un informe reciente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), existe una diferencia de 5,8 años más de vida para las mujeres, y la sobremortalidad de los hombres se acentúa durante la adolescencia y llega a “triplicarse en la edad adulta temprana”.
La respuesta a esta diferencia también ha sido estudiada por los profesionales sanitaristas quienes encontraron que, particularmente en el continente americano, “las causas principales de mortalidad en los hombres comprenden la violencia interpersonal, los traumatismos causados por el tránsito y la cirrosis hepática, todas ellas ligadas al ejercicio de la masculinidad hegemónica”, precisó el resumen del documento titulado “Masculinidades y salud en la Región de las Américas”.
Esta masculinidad hegemónica -denominada también por los especialistas “tóxica”- está guiada por formas de socialización particulares para este género que promueven los comportamientos riesgosos y las conductas dominantes que, además, influyen en distintos aspectos de la vida de los individuos.

“El análisis de la salud masculina desde la perspectiva de género sería impensable sin el antecedente del feminismo en general y de cómo se ha aplicado para comprender los problemas de las mujeres en campos como la salud, la sexualidad, la reproducción y la violencia. Ese antecedente abre ahora la posibilidad de entender a los hombres desde la perspectiva del género en esos mismos campos”, precisa el documento (que se encuentra disponible online).
En esta línea, el informe conceptualiza que el género debe entenderse como un “conjunto de atributos (símbolos y normas) y roles (identidades) de construcción histórica y cultural que se preservan mediante actos en la organización social cotidiana, cuyo objetivo es la diferenciación a partir de características biológicas y la alineación a un sistema sexo-genérico”.
Esta definición, indicó el equipo multidisciplinario que realizó la investigación, “permite entender cómo se convierten en desigualdad las diferencias entre hombres y mujeres”, las cuales tienen “como sustrato la división sexual del trabajo”.
Sobre la base de estos conceptos, puede comprenderse entonces que “el género se interioriza a través de la socialización, entendida ésta como un complejo y detallado proceso cultural de incorporación de formas de representarse, valorar y actuar en el mundo, un proceso por el que el ser humano transita durante todo el curso de su vida”.

Es importante advertir también de que “más allá de los opuestos binarios presentes en las estadísticas, tanto en lo biológico como en lo cultural existe un continuo que tiene en sus extremos lo que podríamos definir como lo hipermasculino y lo hiperfemenino”; y que esto posibilita “hablar de masculinidades diversas, en las que pueden existir elementos comunes asociados a la masculinidad hegemónica pero donde también están presentes formas muy diversas de ser hombre que contribuyen a trayectorias distintas del proceso salud/enfermedad/atención”, se expresó en el documento.
Así, “el logro de la igualdad de género en la salud implica que las mujeres y los hombres se encuentren en igualdad de condiciones para ejercer plenamente sus derechos y su potencial”, se enfatizó.

Problemática
La OPS pudo demostrar que aun “con sus variantes nacionales y regionales, en la región de las Américas ha predominado una forma hegemónica de socializar a los hombres (con frecuencia denominada machismo) cultural e históricamente construida, que varía en las distintas clases o etnias pero que siempre sirve de referente incluso a las formas de socialización alternativas o marginales”.
Este tipo de socialización masculina está fuertemente asociada a la exposición a factores de riesgo que afectan la salud de la población en cuestión. El documento explica de manera precisa -y a la vez alarmante- una “tríada de riesgo” para los hombres en nuestro continente, que está marcada, en su relación hacia las mujeres y los niños, por la violencia, el abuso de sustancias psicoactivas, la exposición a infecciones de transmisión sexual, la paternidad ausente y la falta de corresponsabilidad en el hogar. En la vinculación entre los mismos hombres se presentan los accidentes, los homicidios y también la transmisión de infecciones sexuales; y finalmente, en la relación consigo mismos surgen el suicidio, el alcoholismo, las adicciones y las enfermedades psicosomáticas.

“Lo que más llama la atención es el salto en la mortalidad en la población masculina joven a partir de los 15 años. Predominan claramente las causas violentas de muerte (homicidios, accidentes y suicidios) y una mortalidad entre cuatro y siete veces mayor que la de las mujeres jóvenes. Además, en este grupo de edad es evidente el componente masculino en las principales causas de muerte de las mujeres (feminicidio)”, indicó otro apartado del informe al revelar la situación actual.
Vale aclarar que estas generalidades descriptas extensamente en el documento de la OPS tienen sus variantes también según la etnia, los ingresos y la elección sexual de la población, tendiendo a presentar problemáticas más complejas para las masculinidades que no se ajustan necesariamente a los parámetros hegemónicos, como la población LGTBI.

Nueve recomendaciones
En torno a esta realidad que se presenta en mayor o menor medida en todo el continente, la OPS indicó la necesidad de “mejorar, sistematizar y difundir el conocimiento cuantitativo y cualitativo en masculinidades y salud, así como sus diversos costos”.
Además, es fundamental que los Estados elaboren “políticas públicas y programas de salud de prevención integral y atención de los principales problemas que afectan a los hombres en curso de vida”.
También sugiere “eliminar las barreras que impiden el acceso a la salud de los niños, los jóvenes y lo hombres” independientemente de la etnia o la orientación sexual, “poniendo en marcha una iniciativa intersectorial encaminada a mejorar las actividades de educación pública que aborden la igualdad de género y las masculinidades igualitarias”.

En tanto, se debe “profundizar el conocimiento de los recursos dedicados a la salud y las prácticas de salud positivas que se dirijan a los hombres y los impliquen”; “asegurar que las actividades de promoción de la salud y participación comunitaria dispongan de métodos inclusivos claros que aborden la comunicación en salud y la educación sobre autoridades con grupos diversos”; desarrollar competencias específicas para profesionales del sector de salud; implementar programas de promoción dirigidos a niños y jóvenes, y, finalmente, “generar sinergias amplias con asociados internacionales” para que la “igualdad de género no sea un mero discurso sino que se convierta en una práctica cotidiana para hombres y mujeres”.