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“El principal desafío es cuestionar los estereotipos de género que nos enseñaron”

Entrevista a Analía Barrionuevo, licenciada en Psicología y coordinadora del Programa de Género de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC)

Por Luz Saint-Phat –  lsaintphat@comercioyjusticia.info

Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, distintas organizaciones de más de 70 paises convocan y adhieren a un nuevo Paro Internacional de Mujeres.
Las demandas son heterogéneas y se enmarcan en la realidad de cada región pero, a pesar de la diversidad de reclamos, la consigna general de la convocatoria es “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”.
El lema es un llamado a que Estados y organizaciones aboguen por la igualdad de género en todos los ámbitos (laboral y doméstico) y promuevan las herramientas necesarias para poner fin al maltrato y la violencia (en cualquiera de sus formas) contra las mujeres.
Particularmente este año, tanto en el país como en el mundo, ha tomado relevancia la cuestión del acoso sexual en el trabajo que padecen miles de mujeres. Las denuncias ante la Justicia se han multiplicado, sobre todo luego de los escándalos protagonizados por figuras públicas del espectáculo. Vale señalar la importancia, en este punto, de los movimientos nacidos en Estados Unidos #MeToo y Time’s Up.
Por otro lado, específicamente en Argentina, justamente esta semana ingresó al Congreso de la Nación un proyecto para la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, propuesta que ha desatado un importante debate entre distintos sectores de la población y que será protagonista en las movilizaciones y actividades que se realicen hoy en el país.
Lo cierto es que cada una de estas demandas de los colectivos de mujeres supone una importante transformación en la sociedad y tienen un impacto en la construcción de las nuevas femineidades. De manera decisiva, el mundo asiste a la edificación de nuevas definiciones sobre qué es ser mujer.
Sobre este tema -en diálogo con Comercio y Justicia– reflexionó Analía Barrionuevo, quien es licenciada en Psicología y coordinadora del Programa de Género de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

– ¿Usted considera que existen las condiciones para que las demandas de los movimientos de mujeres puedan ser una realidad?
– En mi opinión, todo lo que implica un cambio cultural lleva un proceso que es gradual. A veces, los cambios se dan de manera más abrupta o de manera más progresiva, dependiendo de las estructuras. El hecho, por ejemplo, de que hoy en día la sociedad argentina esté debatiendo sobre la despenalización del aborto ha sido un progreso impensado en otros momentos. Creo que la sociedad sí está preparada, y a veces sucede que hay una confluencia de distintas situaciones que hacen que se de un salto cualitativo, que tiene que ver con la toma de conciencia. Por supuesto, en algunos temas que implican cambios culturales, parecería que vamos más lentamente. Por ejemplo, si bien la ley de educación sexual integral ya tiene cerca de diez años, todavía existen algunas resistencias para hablar de sexualidad con los jóvenes. Por otro lado, en lo relacionado con la diversidad de género y el matrimonio igualitario, sigue existiendo discriminación. En síntesis, me parece que sí estamos preparados como sociedad, pero no es algo mágico y la transformación se va dando de manera progresiva. Sobre todo entre las mismas mujeres, que somos grandes reproductoras del sistema patriarcal y somos unas de las principales educadoras. Tengamos en cuenta que 76% de las tareas de cuidado recaen sobre las mujeres y gran parte de los niños y niñas están criados en el marco de estas lógicas.

¿Qué incidencia tienen estas transformaciones hacia el interior de las familias?
– La familia tradicional -de una pareja heterosexual, monógama y donde se utiliza la sexualidad para fines reproductivos- ha demostrado que tiene grandes falencias. Creo que estamos celebrando ahora la posibilidad de que se pueda reformular la idea de familia como un grupo de personas que se asocian por afinidad y que tienen vínculos profundos que están en relación al amor, al cuidado y al respeto y -a partir de ahí- deciden transitar la vida juntos. En este sentido, sigue habiendo resistencias y prejuicios pero ya ha quedado demostrado que de una familia tradicional perfectamente se pueden desprender distintos tipos de psicopatologías y trastornos de conducta. Es decir, no es ninguna garantía de salud. Además, reflexionar sobre estas cuestiones es una manera de abrirnos a los diferentes modos que tenemos de vivir la familia, y de aceptar y validar todos los tipos de vínculos que están enmarcados en el respeto y el amor.

-¿Cuáles son las principales demandas y desafíos de las mujeres en la actualidad?
-Concretamente, los reclamos siguen teniendo que ver con la salud sexual y reproductiva. En ese sentido, ahora se está discutiendo la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. También es un reclamo todo lo que tenga que ver con destinar mayores presupuestos a la prevención de la violencia de género. Por otro lado, se demanda elaborar estrategias para disminuir la brecha salarial entre mujeres y hombres y para lograr la paridad en los espacios de poder y decisión. Otro reclamo tiene que ver con repartir de manera más equitativa las tareas de cuidado, lo cual repercute en las mujeres a la hora de la realización profesional porque -desde que la mujer ingresó al mundo público- no abandonó las tareas de cuidado, que son trabajo no rentado. Por otro lado, me parece que el principal desafío a nivel subjetivo tiene que ver con que las mujeres sigamos cuestionándonos los privilegios que tienen los hombres, que nos demos cuenta de nuestra subordinación. El principal desafío sigue siendo cuestionar los estereotipos de género que nos enseñaron y en los que hemos sido educadas. Si no reconocemos la desigualdad, difícilmente nos podamos movilizar.