Home  >   #MundoPsy   >   Articulaciones posibles entre arte, psicoanálisis y educación

Articulaciones posibles entre arte, psicoanálisis y educación

Mauro Nahuel Gross explica algunos puntos de vinculación entre estos tres campos de conocimiento, previo a la realización de una jornada de cátedra abierta en la Universidad Provincial de Córdoba, que se realizará el próximo martes 9

Por Luz Saint Phat – lsaintphat@comercioyjusticia.info

El próximo martes 9 se desarrollará la I Jornada de Cátedra Abierta: Arte, Psicoanálisis y Educación 2018 de la Escuela Superior de Bellas Artes Dr. Figueroa Alcorta de la Universidad Provincial de Córdoba (UPC).

Este encuentro, en el que se abordarán distintos puntos de articulación entre tales campos de conocimiento, se desarrollará en la Ciudad de las Artes de la capital provincial y cuenta con el beneplácito de la Legislatura de Córdoba.

Mauro Nahuel Gross es licenciado en Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), docente a cargo del Espacio Curricular “Psicología y Educación” e integrante del comité organizador de la jornada. En diálogo con Comercio y Justicia, explicó algunos aspectos que posibilitan vincular las tres áreas, en una época de avance de la tecnología y las ciencias.

 

¿Cómo surge esta articulación posible entre arte, psicoanálisis y educación?
– La vinculación se origina en el trabajo del espacio curricular Psicología y Educación, perteneciente al profesorado de Artes Visuales, turno noche, de la Escuela Superior de Bellas Artes Figueroa Alcorta. Los y las estudiantes estuvieron trabajando durante el año con distintos temas que, si bien fueron en un comienzo enmarcados en la currícula de la cátedra, luego estuvieron motivados por un rasgo personal que se fue orientando a un proceso de investigación y escritura personal más particular. Finalmente, posterior a este recorrido, se propuso a modo de corolario que los y las estudiantes pudieran difundir en una clase abierta sus producciones a toda la comunidad académica de la Facultad de Arte y Diseño (UPC).

El objetivo fue, desde un comienzo, promover un espacio de discusión y debate en torno a las tensiones que mantiene el arte, el psicoanálisis y la educación, disciplinas con discursos bien definidos que, sin embargo, poseen una intrincada vinculación.
– ¿Qué temáticas educativas actuales permite abordar esta articulación?
– La educación se vincula -tal como afirmó Freud en El malestar en la cultura– intrínsecamente a un imposible, a la dificultad del “no todo”. No todo es posible de gobernar, psicoanalizar y educar. En la actualidad nos encontramos ante una situación paradojal, que hace tambalear y cuestionar antiguos modelos. El saber ya no se encuentra del lado del docente únicamente, sino que el conocimiento también está en la red, en los celulares, al alcance de la mano de los estudiantes.

En una época plagada de recetas, consejos y respuestas, en la que todo debe ser visto, clasificado y rigurosamente explicado, el introducir algo del sin sentido, de la pregunta, es dar el espacio para tramitar la angustia sin taponarla. El docente, al igual que el analista, bien puede servirse de esa posición, operando como un agujero, ahuecando ese saber. Un saber aparentemente rígido, estable, seguro, que pretende dar una respuesta a todo. Pero esa omnipotencia es fallida porque, a su pesar, no lo puede todo, ya que se encuentra con algo más, de lo que no puede ni podrá dar cuenta: el deseo.

En esta línea se desprenden los distintos ejes que conforman la jornada: “La intimidad en tiempos del espectáculo: redes sociales”; “Escuela: ¿inclusión u homogenización de las diferencias?”; “Dispositivos artísticos en el sistema educativo tradicional y en escenarios alternativos”; “El saber hacer del artista y el psicoanalista”; entre otros.
– Por otro lado, ¿qué aportes puede realizar el psicoanálisis para pensar el lugar que tiene hoy el arte en la educación formal?
– Es históricamente conocido el interés y las pasiones que despierta en los psicoanalistas el arte. Si bien se cuenta con el concepto de sublimación como herramienta principal, al momento de intentar acceder desde el psicoanálisis a la creación artística, ésta no es la única. Al final de su obra, el psicoanalista francés Jacques Lacan, propone al arte como un saber hacer más allá de lo simbólico, un “saber hacer”, que apunta a lo real, a aquello que no posee representación. Es decir, un saber hacer con el vacío. Es en este punto, en que arte y psicoanálisis parecen fundirse en una misma causa. Bordear ese imposible, para tramitarlo, recorrerlo. En definitiva, a eso apunta la experiencia de un análisis, a vérselas constantemente con la incomodidad, lo incurable, la castración.

Así, estos tres discursos que se pondrán en tensión en la jornada, ponen en valor y evidencian aquello que queda por fuera de lo simbólico. Aquel vacío, delimitado por sus bordes, pero que produce efectos.
– A partir de esta articulación entre los tres campos disciplinares, fundamentalmente sobre la base del psicoanálisis, ¿se pueden pensar nuevas estrategias de enseñanza? ¿Cuáles?
– Verdaderamente es una tentación para quienes trabajamos en ámbitos educativos, e inclusive en la práctica clínica misma, rendirnos a las mieles de ofrecer recetas, estrategias, tips. Sobre todo cuando, bajo la promesa de “nuevas” (término tan asociado al consumo), vienen a solucionar aquello que dejó de funcionar o nunca funcionó. Una postura que utiliza protocolos de evaluaciones estandarizados, de una posición diametral con el saber frente a los estudiantes, con el propósito y carácter distintivo del sentido, logrando que el yo del sujeto se identifique con el del docente. Así, en este contexto y como mencionaba antes, educar -una de estas prácticas “imposibles” de las que habló Freud-  lejos de presentarse como una alternativa, pareciera dejarnos totalmente desahuciados.

Sin embargo, precisamente, aquí es donde el psicoanálisis puede hacer su aporte a la dinámica de las instituciones escolares. Mediante la cita y el enigma, por ejemplo, dejando oscuro un aspecto del discurso que el sujeto deberá responder. Es decir, un docente que sepa menos y pregunte más.
Esto puede hacerse, no sin conceptos como transferencia, identificación, pulsión, sujeto, sexualidad, entre otros; términos valiosos que aporta el psicoanálisis para repensar nuestras prácticas escolares día a día, estando siempre advertidos de que nada garantiza la ausencia de conflictos, de trabas o regresiones, ni mucho menos, asegura la satisfacción plena. Ya que en el sujeto, sujeto deseante, si algo promueve esa búsqueda, es porque ese algo está por fuera de su alcance, es más, ni siquiera sabe qué desea. Parafraseando a Freud, no es la educación, y su inherente represión, causa de la insatisfacción, sino ésta, la facilitadora de la cultura.
Por esto, me gusta dudar en sostener una postura en la que el docente se sienta plenamente “seguro”. Quizás, el camino sea permitirse transitar esa angustia, bordear el agujero evitando taponarlo, para aprender un “saber hacer” con esa preocupación. Tal vez sabiendo esperar, acompañar, haciendo trabajar al estudiante en la producción de su propio saber, depositando confianza y escuchando, podamos educar. Sin olvidar, y respetando siempre que ese proceso es totalmente singular en cada estudiante.