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Sólo uno de cada cinco niños visita regularmente a su padre o madre en la prisión

Las dificultades económicas para viajar hasta los lugares de detención y las prácticas violentas que ejercen los servicios penitenciarios sobre los familiares son los principales obstáculos. Sólo dos de cada diez hijos de presas quedan bajo el cuidado de las parejas de éstas. Muchos infantes dejan la escuela para cuidar de sus hermanos

Por Silvina Bazterrechea – sbazterrechea@comercioyjusticia.info

La cantidad de personas privadas de libertad en Argentina se triplicó durante los últimos 20 años. En la actualidad hay más de 92 mil presos y presas.
El encarcelamiento impacta directamente en el entorno de estas personas. Atraviesa la vida de familiares adultos, jóvenes y niños, niñas y adolescentes. Se estima que hay cerca de 146 mil niños, niñas y adolescentes (NNA) con al menos un padre o madre detenidos.
La Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN) con el apoyo de Unicef realizó un trabajo en el que se analizó el impacto de la cárcel en la vida de los familiares de las personas privadas de libertad (PPL), en especial de los niños, niñas y adolescentes. Se realizaron 196 encuestas a padres y madres detenidos en el Servicio Penitenciario Federal (SPF). Los resultados son dramáticos. El trabajo deja en evidencia que las políticas institucionales del SPF no están orientadas a fomentar la vinculación familiar y social de las personas detenidas.
Por las formas de gestión del SPF, el contacto con los familiares y los seres queridos es desincentivado con obstáculos que las personas detenidas y sus familiares deben superar en caso de querer sostener el vínculo. Esto se agrava aún más en los casos de las personas detenidas a grandes distancias de sus familias, dada la enorme dispersión de las cárceles del SPF.
El estudio muestra que 46% de los y las niños, niñas y adolescentes no visitan a sus padres privados de libertad y de los que sí lo hacen sólo 23% lo hace con regularidad.

Vulnerabilidad
La gran mayoría de las personas detenidas y sus familiares pertenecen a los sectores más pobres; con el encarcelamiento, esta situación se agrava, incrementándose la vulnerabilidad social de los hogares.
Por un lado, porque se reducen significativamente los ingresos en los hogares: en 62% de los casos la persona detenida constituía el principal aporte económico del hogar, antes de ser encarcelada.
Por otro, porque se incrementan los gastos: las visitas a las unidades carcelarias, la concurrencia periódica a los juzgados y defensorías; la necesidad de proveer de los insumos básicos a los familiares detenidos, así como la permanente compra de tarjetas para sostener las comunicaciones telefónicas son costos elevados que las familias deben afrontar con mucha dificultad.

¿Quién cuida a los niños?
El encarcelamiento de un familiar suele ir asociado muchas veces al desmembramiento del núcleo familiar, razón por la cual, en ocasiones, los niños pasan a vivir con diferentes familiares cercanos, o incluso, en Hogares y otras instituciones estatales, detalla el relevamiento al que accedió Comercio y Justicia. A su vez, ocurre que los hermanos son separados para repartir responsabilidades de cuidado entre diferentes personas del entorno familiar.
Muchos de los adultos entrevistados señalaron que antes de su detención tenían una importante presencia en la vida cotidiana de los niños. Esto se transforma repentinamente cuando la cárcel irrumpe en la vida de las familias. “La abrupta separación que implica el encarcelamiento de un ser querido se traduce en experiencias cargadas de sufrimiento y dolor, tanto por parte de los NNA como de sus padres, madres y referentes adultos. Algunos estudios asemejan esta vivencia a otras situaciones traumáticas como la experiencia de duelo”, advierte el estudio.

El relevamiento demuestra que a la hora de analizar quién se hace responsable de los NNA una vez que sus progenitores son detenidos, se observan importantes diferencias según se trate del encarcelamiento de su padre o su madre. Mientras que la enorme mayoría de los varones presos señalan que sus hijos o hijas se encuentran a cargo de sus madres (84%), menos de 20% de las mujeres detenidas indicó que los padres de sus hijos o hijas son los responsables de su cuidado y custodia (19%).
Algo similar sucede con los y las adolescentes de entre 15 y 17 años, cuyos padres y madres mencionaron que no viven ni se encuentran a cargo de ningún familiar, por lo cual están solos. Mientras que sólo 5% de los hijos o hijas de padres presos están en esta situación, el porcentaje se duplica cuando la encarcelada es su madre.
Del relevamiento surgió además que, a partir de la detención de un referente adulto, es muy frecuente que los y las NNA pasen a ocupar roles de cuidado de otras personas, quedan a cargo de sus hermanos menores y como consecuencia, dejan sus actividades cotidianas, incluso la escuela.

¿Y el arresto domiciliario?
Reconociendo la especial vulnerabilidad de los niños y niñas menores de cinco años, en el año 2008 se ampliaron los supuestos para acceder al arresto domiciliario. La modificación del articulo 33 de la ley 24660 incorporó a las mujeres embarazadas y a las madres de hijos de hasta cinco años dentro de las posibles personas que podrían obtener, decisión judicial mediante, la prisión domiciliaria. Pese a ello, 41% de las encuestadas cumple este requisito y se encuentran privadas de su libertad.
Medidas alternativas
El relevamiento advierte que cuanto más prolongado es el tiempo de detención, mayores y más severos serán los efectos que el encarcelamiento generará en las personas y su entorno
En este marco, se considera fundamental promover las formas de liberación anticipada, de salidas transitorias y semilibertad, o medidas alternativas a la pena de prisión como el arresto domiciliario, todas posibilidades previstas en la legislación argentina. “Las salidas transitorias, e incluso las modalidades de visita al domicilio previstas legalmente, resultan fundamentales, ya que propician el desarrollo de actividades entre personas adultas, niñas y niños; permiten compartir el espacio íntimo del hogar; posibilitan el juego; y la compañía del adulto en las dimensiones más elementales, además, posibilitan los encuentros entre adultos y NNA sin que ellos y ellas tengan que pasar por la experiencia de las visitas carcelarias”.

El efecto de  la cárcel en los niños

El impacto de la cárcel en la vida de los NNA es tan violento que en muchos casos se advierten enojos y distanciamientos muy pronunciados en las formas de vincularse entre adultos y NNA, con sus familiares privados de libertad. La cárcel se imprime en los cuerpos. La ausencia de los padres, madres y referentes tiene un impacto en su vida cotidiana y en la construcción de su subjetividad. En este sentido, los y las NNA señalaron con frecuencia la importancia que tiene para ellos sostener el contacto personal y visitar a sus padres en prisión. Incluso en los contextos en que se dan las visitas, caracterizados por las deficientes condiciones edilicias, las requisas, y las largas esperas, muchos NNA quieren ver a sus padres.