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Los adolescentes podrán irse a España con su mamá y, eventualmente, radicarse

El Tribunal sostuvo que es conveniente que los hijos de la mujer puedan establecer su centro de vida en otra ciudad, para tomar distancia del asedio de su historia infantil, marcada por el maltrato de su papá

En pleno, el Tribunal Colegiado de Familia de Rosario autorizó a dos adolescentes a viajar a Barcelona, España, con su madre, hasta su mayoría de edad.
Además, les dio luz verde para que se radiquen en esa ciudad durante un año, con posibilidades de prórroga si se acredita que su estándar socioeconómico es equivalente al que gozaban en el país.
Así, desestimó las objeciones del padre de los chicos y confirmó la sentencia dictada por el a quo.
No obstante, le ordenó a la mujer que acredite fehacientemente la correcta inserción de los hermanos en la actividad escolar, su incorporación en un plan de salud, la continuidad del tratamiento psicológico que se les indicó y las condiciones generales de bienestar que justifiquen el sostenimiento o la prórroga de la medida.
Asimismo, le impuso la obligación de informarle al padre de sus hijos cualquier novedad de relevancia en cuanto a la educación, salud y situación emocional de los jóvenes y facilitar los medios necesarios para que tengan contacto telefónico, vía correo electrónico o por cualquier otro medio.

Agravios
“Corresponde recibir los agravios expresados por parte de la defensora General quien, sustentando su recurso en el superior interés de los niños que patrocina, insiste en la conveniencia de que puedan establecer su centro de vida en otra ciudad, para tomar distancia del asedio de su historia infantil, marcada por el maltrato de su progenitor”, enfatizó el juzgador.
Así destacó que, con base en el dictamen de la psicóloga del equipo interdisciplinario, quedó desvanecida la sospecha de que la mudanza configurará un elemento desestabilizador de la estructura subjetiva del hermano menor, J. P., y valoró que, por el contrario, será un factor esperanzador y tranquilizante que posicionará al niño en un proyecto familiar del que se siente parte.
En tanto, tuvo en cuenta la actitud pasiva que adoptó el progenitor desde que se iniciaron las actuaciones y subrayó que, lejos de proponerles a sus hijos un proyecto superador de las vivencias disvaliosas que signaron su pasado, se mantuvo inmutable en su postura, rechazando los mensajes de su hijo mayor y desconociendo su reclamo íntimo de esclarecimiento de la verdad familiar, una conducta “negativa y contradictoria” que no aportó nada al mejoramiento de la relación paterno-filial.