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Comienzan los alegatos en el juicio por la muerte de Franco Amaya

De ser condenado, uno de los agentes podrá recibir prisión perpetua. Con 18 años, la víctima fue ultimada al cruzar un control policial

En la Cámara 12ª del Crimen de la ciudad de Córdoba tendrá lugar hoy la lectura de los alegatos -y posiblemente pueda dictarse el veredicto- en el marco del juicio contra dos policías acusados de asesinar al joven carlospacense Franco Amaya.
Está sentado en el banquillo de los acusados el agente Rodrigo Maximiliano Velardo Bustos, imputado por homicidio calificado por el uso de arma de fuego, con el agravante por su condición de policía. En tanto, el oficial ayudante José Ezequiel Villagra fue imputado por incumplimiento de los deberes de funcionario público, ya que se lo acusa de no dar aviso sobre los hechos a sus superiores y no brindar asistencia a la víctima.
Para el abogado de la familia de Franco Amaya, Maximiliano García, durante el juicio se pudo demostrar que el proyectil que dio muerte al joven partió del arma policial y, de esa forma, Bustos podría recibir la condena de prisión perpetua.
Cabe recordar que varios testigos pasaron por la sala de audiencias y complicaron la situación de los imputados. En sus declaraciones señalaron que Velardo Bustos permanentemente intentó culpar por el disparo a otro sujeto que, según él, había pasado por el lugar cuando Franco y su primo en la moto sobrepasaron el control policial.

El caso
Franco vivía en San Antonio de Arredondo y había cursado estudios en el Cenma 217, una escuela nocturna de Villa Carlos Paz.
Desde hacía un tiempo asistía a un curso de peluquería, que estaba pronto a finalizar, y para solventar sus gastos trabajaba en un lavadero.
En la madrugada del 22 de febrero de 2017, durante un control policial en la intersección de las calles Los Gigantes y Alem, Amaya recibió un disparo en el tórax cuando se conducía en su moto acompañado por su primo. No tenía antecedentes penales ni iba armado cuando fue agredido.
Amaya y su primo iban en la moto a la casa de la víctima a buscar una camisa, para luego asistir al show que Ulises Bueno daría en Molino Rojo.
Según relató el joven sobreviviente, que se identificó como Agustín, su primo no logró frenar a tiempo porque “venía con pocos frenos”. Mientras intentaba rebajar la velocidad y al ver que el policía desenfundaba el arma, comenzaron a hacerle señas para que no disparase pero el efectivo abrió fuego y la bala impactó en el cuerpo del joven.
En ese momento, los agentes se habrían negado a brindarle auxilio y no llamaron al servicio de emergencias, según relató Agustín, quien frenó el auto de un amigo y en él logró llevar a Franco al hospital municipal Gumersindo Sayago. Cuando llegaron al nosocomio, el joven había fallecido.
El control vehicular presentaba una serie de irregularidades, estaba mal señalizado y no cumplía con los requisitos establecidos por la reglamentación policial que exige la presencia de como mínimo cinco efectivos.