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“Nos aplasta el régimen de la alegría que jerarquiza las emociones positivas e inferioriza las negativas”

Así lo aseguró el artista Elian Chali, quien invita a abrazar la tristeza, la angustia, el resentimiento y el dolor e integrarlos como parte de la construcción del sentido de la vida, en contraposición a la  “cultura farmacológica” que propone esconder o disimular esos sentimientos.

Por Laura Pantoja – lpantoja@comercioyjusticia.info

El muralista cordobés Elian Chali inauguró semanas atrás su muestra denominada Manifiesto en Casa Naranja. Luego de siete años sin montar obras en Córdoba, el artista de trayectoria internacional es el primer cordobés en exponer de manera individual en este espacio.


“Casi como si fuera una navaja, un muro de gran longitud se introduce desde la vereda hasta el palier del edificio. Es una pared de altura discreta, pero suficiente para interrumpir el espacio público/privado partiéndolo en dos. Rompe la armonía de un ingreso relajado, obliga a recorridos incómodos, irrumpe la visualidad posible. El muro en sí aborda su propio intercambio con el gigante naranja; lo desafía. Lo atraviesa”, encabezó el artista la puesta en su texto curatorial.
El edificio Casa Naranja significó para Chali una serie de posibles intervenciones, que se presentaron como interrogantes para plantear su proyecto individual Manifiesto, según contó el propio artista en diálogo con Comercio y Justicia.

Una inagotable angustia y tristeza genera leer el texto Manifiesto que sustenta la puesta ¿Por qué? ¿Representa un sentimiento social, una postura frente al mundo? ¿Un reclamo?
Sí, es un texto triste. Principalmente, mi intención es cortar con la atmósfera que mi trabajo generalmente suscita, reafirmando la postura política del proyecto como artista y como persona. Pienso que estamos aplastados por el régimen de la alegría que jerarquiza las “emociones positivas” e inferioriza las “negativas”, dando como resultado el imperativo de felicidad que es simplemente imposible de alcanzar. Entonces, descartar o intentar solucionar o paliar o esconder o disimular el resentimiento, la tristeza, la angustia, el dolor, la ansiedad o el estrés, no solo pienso que está alineado con la cultura farmacológica, sino que mella nuestras emociones cotidianas, las que verdaderamente sentimos todos los días. Esto nos imposibilita empoderarnos desde esa emocionalidad y cuando la habitamos sólo nos avergonzamos o lo intentamos paliar, en vez de dejarnos atravesar por ellas y entender que son parte de la construcción de sentido de la vida. ¿Siempre al corazón roto hay que sanarlo? Pienso que no, la grieta puede estar en cualquier lado y, claro, la celebro. Entonces si tenemos a alguien delante nuestro que nos dice que es constantemente feliz por un plazo determinado como extenso, o esa persona nos está mintiendo o está ignorando el mundo. ¿Como se puede ser feliz viendo la catástrofe de realidad de la que participamos? Sólo ignorando. Más que un reclamo, es una toma de posición y declaración de principios.

Es todo lo opuesto a lo que simbolizan sus obras, en las que el color y el movimiento constituyen una especie de motivación de la mano de la energía vital que despliegan...
La idea en relación a mis pinturas, porque considero que este texto también es obra, es que justamente corten con el clima que la capa epidérmica de mi trabajo presenta. Si bien considero que hay un positivo/agresivo en el proyecto (la relación con la arquitectura parte de una crítica muy específica, por eso el muro que perfora, por eso el tragaluz cancelado, etcétera) me parecía importante poner a disposición de las pinturas, una subida de tono al carácter político de las obras. En ese sentido, el texto me acompaña. La pintura, mi discurso, el texto, cada pieza, el evento en sí, todo es parte de lo mismo. No se puede disociar cuando un mismo cuerpo es el conector de todas estas experiencias.

Como interventor de grandes ciudades, ¿por qué eligió un lugar como Naranja?
No elegí el lugar, fue una invitación muy generosa a la que accedí bajo las condiciones de trabajo dignas para mi y mi equipo; respeto y diálogo por las ideas planteadas. Pienso que el espacio (Casa Naranja) y la arquitectura (edificio corporativo) han comenzado un diálogo con la ciudad y su circuito de arte y cultura al que me interesaba responder mediante un espacio que ocupar. Siendo el primer cordobés en hacer una muestra individual, pienso que es importante sentar ciertos precedentes sobre las formas y metodologías para los y las artistas que vendrán. El edificio me ofrecía una serie de posibles intervenciones que se presentaron como interrogantes interesantes para plantear un proyecto individual como es Manifiesto.

¿Por ejemplo la idea de aportar algo a la ciudad, y en ese caso, qué?
No sé si es un aporte específicamente, es más, no creo que sea eso. No tengo la certeza de que mi obra “sume” a nada, ni a la arquitectura, ni a un barrio, ni a una ciudad. Lo que sí pienso, es que mi obra se dispone para generar un diálogo y plantear derivas del sentido común que tenemos del espacio público. No obstante, creo que si esto se replica a tal modo de que una ciudad completa queda intervenida, se corre el riesgo de reproducir lo que justamente se intenta contrastar. Pienso que la masa megalómana que es la ciudad no puede quedar a cargo de una persona o de un gesto o de una estética. La ciudad, en la medida en que se puede, se construye por todas las personas que la habitan. Lamentablemente, hoy -Argentina sobre todo- ha hecho de sus ciudades importantes lugares insoportables para vivir. Demasiados dispositivos de control y vigilancia, demasiado abandono. No somos capaces de imaginar la ocupación del espacio público de nuevo.

Con la “intervención acupuntural” a las que ha hecho referencia en muchas oportunidades ¿cómo abordar esas ciudades “insoportables para vivir”?
Cuando me refiero a lo acupuntural es buscar un punto de tensión y tratar de intervenir ahí. Muchas veces el punto de tensión en una urbe son los espacios protegidos o patrimoniales por lo que entrar en diálogo con ellos puede configurar nuevos interrogantes a los que los y las transeúntes busquen responder. Porque si el punto de tensión fueran los barrios populares, ese maquillaje ya es otra cosa en la que no me atrevería simplemente a intervenir, sabiendo que las urgencias y prioridades son otras y que hay un responsable claro: el Estado.

Ha viajado por todo el mundo entregando su arte en muchas ciudades a las que ha caracterizado como entes que agobian y excluyen. ¿Puede su arte arbitrar un mecanismo de pseudosalvación?
No. Las ciudades excluyen y agobian porque hay estrategias para que eso suceda. Desde su planeamiento y ejecución de tácticas de control variadas, la ciudad (por si podemos referirnos a un modelo, el modelo de urbe de este capitalismo tardío) es escenario ideal para el control de la vida completa. Las ciudades agobian por los modos de producción y por la forma de vida cotidiana en la que nos hemos sumergido en las últimas décadas. No le podemos pedir al arte que desarticule esta maquinaria que nos oprime, es demasiado. Esa tarea no es sólo del arte sino de la vida completa y de todos.

Entonces, ¿qué provoca el arte? ¿cuál es su rol en las ciudades?
Para mí, el arte es una ofrenda en formato de visión del mundo.Sobre el espectador, me gustaría que hable el espectador. Es decir, es su tarea. No me animaría a expresar sobre lo que deseo que el otro interprete o sienta con mi obra. El arte está ahí para crear un nuevo sentido común, si eso salva a algunos y algunas o a otros y otras y transforma, bueno, lo celebraremos. Yo no tengo claro hacia dónde voy, sólo sé qué camino quiero transitar y es éste.

Para ver

Manifiesto estará expuesto al público en Casa Naranja (La Tablada 451, Córdoba) hasta el 31 de enero, de lunes a viernes, de 10 a 20, y los sábados, de 14 a 20. El recorrido ofrece audioguías gratis. Los días viernes y sábado a partir de las 17 se realizarán visitas guiadas.
La instalación principal consta de un muro longitudinal de 60 metros que se extiende desde la plaza hasta el centro del palier del edificio, atravesando el mobiliario.

Manifiesto

El desahogo es la única acción eficiente para que brote esta declaración, que de momentos oscila entre un llanto añejo y una inyección de rabia urgente. Es decir, mi singularidad viene trazando otro universo posible ante la montaña de escombros que es la insoportable vida cotidiana, como respuesta al historial del dolor que de momentos se vuelve bruma de confusión. Este repertorio de experiencias, herramientas, goces y potencias que delinean mi propia biografía resultan el cadáver exquisito que narra el sujeto político que habito. Convencido de que mi historia no es solo mía, anhelo que este chirrido afónico retumbe en los edificios de esta ciudad apuñalada, para que el eco de mi -nuestros- recorrido(s) sea la ofrenda de venganza a las vidas canceladas. Aunque sea un soplo, aunque sea nada. Y que nos desaceleremos. Interrumpamos el tiempo. Saquemos el barro de nuestros tobillos empantanados. Repitamos “no” como un mantra oracular subterráneo. Con la fuerza inventiva acorralada que moviliza el cuerpo en deseo. Porque supimos pedir transparencia y nos invisibilizaron; frente a eso, nuestra piel se está volviendo fluorescente, para reconocernos en la noche, esa guarida negra y generosa que nos contiene. Si nos empujan a la intemperie, nuestro cobijo serán las estrellas. A este abandono social le respondemos con templanza y radicalidad. Y ya no es solo la reparación histórica, ni la inclusión, ni cualquier otra ilusión óptica que nos encarrile en las autopistas de este mundo ortopédico; insistimos en la recuperación de nuestros cuerpos gentrificados. Sin conciliación, ni reperfilación ni plan en cómodas cuotas. Esto es un asunto inmediato. Porque confieso que lo siento adentro, como una teñidura visceral. Una sensación enmohecida, destartalada. Pero sé que el resentimiento es el estado persistente que mantiene hirviendo el recuerdo, ese recuerdo que no doblega frente a los estímulos mezquinos recetados en formato de píldoras de felicidad siniestra y aséptica. Sé que el costo de conservar lo sensible es permanecer vulnerable. ¿Y qué? Si igual siempre nos tuvimos que defender. Pero también sé que siempre habrá una mirada cómplice amorosa y amoral pidiéndome que aguante. Y cuando se haya bifurcado el angosto sendero de la normalidad, profanaremos las fábricas académicas de la buena conciencia, arremeteremos contra el desabrido arte garante y desmantelaremos las ecuaciones de especulación simbólica en pos de la incertidumbre como artefacto de creatividad dinamizadora. Dibujaremos nosotrxs mismxs los mapas sobre nuestra propia geografía misteriosa para reconfigurar nuestra existencia. Las tecnologías afectivas serán precarias pero indelebles: imaginación, furia y ternura. Y finalmente, cuando el mercurio derramado por la explosión del termómetro disciplinal se repose en la urbe como un velo manso, observaremos cómo se corroe la matriz de la normatividad poco a poco, l e n t a m e n t e. Ahí, recién en ese momento, con el hedor del viejo mundo infectado por el odio edulcorado aún flotando en el aire, será el momento de nuestra poesía torcida, de nuestra determinación emocional emancipada, de revolver la alquimia que desprenda el agridulce aroma de los sueños irreverentes, de migrar de las ásperas convenciones aplastantes hacia ese nuevo territorio posible utópico, incierto y silvestre. Este cuerpo, no otro. Por mi autodefinición y representación. Cada segundo, cada yoctosegundo y con la precisión del cariño mutante. Tapando nuestros tajos diagonales con abrazos como ceremonia agnóstica de resistencia. Por nuestro derecho fantasma a permanecer susceptibles. Por nuestro agenciamiento desde el fracaso y la tristeza. Por la autonomía de nuestra ficción somática. Sin fronteras, en contra del oculocentrismo y con la obstinación afectiva de lo distinto. 

 

Acerca de Elian Chali

 Elian Chali, 1988. Nació y vive en Córdoba, Argentina. Sin estudios académicos, Elian se ha formado de manera autogestiva a través del contacto con otros y participando como agente activo del circuito contracultural argentino. Considera que la experiencia habitando ciudades es la mejor escuela para su vida y obra. Con cuatro muestras individuales y más de 10 grupales, su trabajo se puede encontrar en más de 30 ciudades distintas de países como Argentina, Australia, Bélgica, Brasil, Canadá, Chile, España, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, México, Polonia, Portugal, Perú, Paraguay, República Dominicana, Rusia, Uruguay y Ucrania, entre otros. Fundó y co-dirigió Kosovo Gallery (2012-2015, Córdoba), coordinó PUENTE Arte/Espacio Público (2013, Córdoba), fue curador en jefe de MAC Feria de Arte Contemporáneo (2018, Córdoba) y participó de diversas mesas de debate y conferencias alrededor del mundo. En el año 2016 publicó su primer libro titulado “Hábitat”, y su obra se puede encontrar documentada en numerosas publicaciones y proyectos editoriales sobre arte, diseño y arquitectura.