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Espectadores se sumergen en esculturas de croché y cruzan puentes hacia lo subjetivo y espiritual

Es la propuesta del  brasileño Ernesto Neto en el Malba. Su práctica  nace de la tensión de materiales textiles y técnicas como el croché. Las construcciones lúdicas acogen acciones y rituales que revelan sus visiones en  torno a la unidad entre cuerpo, mente y espíritu, y a la conexión con lo invisible, el cielo y la tierra.

 

 

Laura Pantoja
lpantoja@comercioyjusticia.info

 

 

Visitar museos no solo se ha vuelto una tradicional costumbre para entendidos, sino también se ha convertido en una atracción para todos los públicos, principalmente desde que el arte inmersivo es cada vez más protagonista.

Una propuesta de este tipo ofrece por estos días el mismísimo Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires ( Malba), a través de la exposición temporaria “Soplo”, del brasileño Ernesto Neto, uno de los nombres más destacados de la escultura contemporánea. 

Curada por Jochen Volz y Valéria Piccoli (director y curadora jefe de la Pinacoteca de São Paulo, donde la exposición se presentó de marzo a julio, 2019), la muestra reúne sesenta piezas producidas desde finales de los años ochenta hasta la actualidad. Obras sobre papel, fotografías y grandes instalaciones inmersivas, que ponen en diálogo el espacio expositivo y el cuerpo del visitante, invitándolo a  activar todos sus sentidos. 

Desde el comienzo de su trayectoria, Ernesto Neto viene explorando y expandiendo radicalmente los principios de la escultura. Gravedad y equilibrio, solidez y opacidad, textura, color y luz, simbolismo y abstracción son las bases de su práctica artística, un continuo ejercicio sobre el cuerpo colectivo e individual, sobre el equilibrio y la construcción en comunidad”, indicó el curador Jochen Volz. 

En la exposición, la trayectoria del artista es presentada a partir de dos aspectos: por un lado, las obras que invocan los sentidos del observador y desafían su cuerpo a que participe e incluso se sumerja en la escultura; por el otro, las obras que solicitan una activación por parte del espectador y apuntan a una noción de cuerpo colectivo, al estimular, de forma lúdica, el contacto y la convivencia. 

La dimensión ritual que la práctica del artista viene adquiriendo en los últimos años evidencia el modo en que sus esculturas han creado y explorado dimensiones sociales cada vez más complejas.

En un momento marcado por el descompás entre el ser humano y la naturaleza, Neto  propone que el arte sea un puente para la reconexión humana con esferas más sutiles. “El artista es una especie de chamán. Él trata con lo subjetivo, lo inexplicable, aquello que sucede entre el cielo y la tierra, con lo invisible. Desde ese lugar, consigue transportar cosas”, indicó el propio  Neto. 

Herencia

Desde una singular comprensión de la herencia neoconcreta, Neto despliega sus primeras esculturas –elaboradas con materiales como medias de nylon, esferas de corcho blanco, especias y condimentos– en grandes instalaciones inmersivas, que proponen al espectador un espacio de convivencia, pausa y toma de conciencia  acerca de la unión de los seres vivos y el planeta. 

Su práctica escultórica nace de la tensión de materiales textiles y técnicas como el croché. Estas grandes estructuras lúdicas acogen acciones y rituales que revelan las preocupaciones actuales del artista, como lo es  la afirmación del cuerpo como elemento indisociable de la mente y la espiritualidad. 

La muestra presenta una obra esencial de la trayectoria del artista: Copulônia (1989), que marca el momento en el que la obra se fragmenta en múltiples elementos que se esparcen en el espacio expositivo. Hechos de medias rellenas de esferas de plomo, esos elementos van obteniendo forma aleatoriamente a medida que caen al piso y a partir de la interacción entre el peso de un material y la levedad del otro. Es necesario alterar el posicionamiento del cuerpo para observarla y ese desplazamiento para a ser uno de los motores de la producción del artista”, señaló Valéria Piccoli. 

Su título es un neologismo y hace referencia a la “cópula” (término utilizado por el artista para caracterizar un tipo de elemento, presente en la obra, en el que dos partes se penetran) y a la “colonia” (sección de la obra en la que los elementos se repiten). “Conlleva la idea de población, familia, cuerpo colectivo y convivencia simbiótica”, definió  el artista. 

Piccoli aseguró que desde los  años noventa las obras de Neto ganaron formato de instalación, a la vez que fueron creciendo en escala y en una dimensión cada vez más orgánica. “Sus salientes y protuberancias se esparcen como tentáculos por el espacio. La membrana que las reviste se asemeja a piel. Sus estructuras exhalan olores, tienen orificios, texturas, entradas; se adaptan y se moldean al ambiente como cualquier ser vivo; y son frágiles, como lo son los cuerpos”, amplió.

Enquanto nada acontece

La  Enquanto nada acontece (2008), que se destaca en la triple altura del hall central de Malba, reúne obras icónicas como las que contienen especias (clavo, azafrán, urucú);  las Naves (arquitecturas de tela en las que el visitante puede entrar) e incluso las estructuras habitables más recientes, confeccionadas en croché. “Las obras de Neto convocan la participación del visitante y activan otros sentidos más allá de la mirada”, comentó Piccoli. 

Los orígenes

Las puestas del artista se deben a un profundo trabajo de introspección que ha llevado adelante en su vida personal. Desde 2013, el artista ha estado conviviendo con los pueblos de la selva, principalmente la comunidad indígena Huni Kuin. La población de esta etnia, con más de 7.500 personas, habita parte del estado de Acre y se trata de la población indígena más numerosa del estado. 

La convivencia con ellos me ha proporcionado un profundo entendimiento de la espiritualidad, de esta fuerza de continuidad del ‘cuerpo-yo’ y del ‘cuerpo- medioambiente’, y también una base estructural ‘espíritu-filosófica’, además de la comprensión de la cual hay mucho que descubrir como humanidad: ¿quiénes somos? ¿dónde estamos? ¿hacia dónde vamos?”, apuntó Neto.

La idea del planeta como organismo interdependiente impregna buena parte de las obras de Neto. A lo largo de los últimos treinta años se percibe en su obra un  desarrollo franco impulsado por la coherencia de su investigación e incansable experimentación: los principios de la escultura se examinan para ser superados. “Hay un continuum de expansión en su trabajo; de la bolsa de poliamida a la escultura penetrable y la arquitectura elástica, hasta alcanzar nuestra noción de realidad”, sintetizó por su parte  Volz. 

 

La trayectoria
Ernesto Neto nació en 1964 en Río de Janeiro, donde vive y trabaja. Entre sus exposiciones individuales recientes se destacan: GaiaMotherTree, Zurich Main Station, presentada por la Fondation Beyeler, (Zúrich, Suiza, 2018); Boa, Museum of Contemporary Art Kiasma (Helsinki, Finlandia, 2016); Rui Ni / Voices of the Forest, Kunsten Museum of Modern Art (Aalborg, Dinamarca, 2016); Aru Kuxipa | Sacred Secret, TBA21 (Viena, Austria, 2015); The Body that Carries Me, Guggenheim Bilbao (Bilbao, España, 2014); Haux Haux, Arp Museum Bahnhof Rolandseck (Remagen, Alemania, 2014); Hiper Cultura Locura en el Vértigo del Mundo, Faena Arts Center (Buenos Aires, Argentina, 2012); La Lengua de Ernesto, MARCO (Monterrey, México, 2011) y Antiguo Colegio de San Ildefonso (Ciudad de México, 2012); Dengo, MAM (São Paulo, 2010). También destacan sus participaciones en la Bienales de Venecia (2017, 2003 y 2001), Lyon (2017), Sharjah (2013), Estambul (2011) y São Paulo (2010 y 1998). Su obra está presente en diversas colecciones importantes, entre ellas: Centre Georges Pompidou (París), Inhotim (Brumadinho), Guggenheim (Nueva York), MCA (Chicago), MOCA (Los Ángeles), MoMA (Nueva York), Museo Reina Sofía (Madrid), SFMOMA (San Francisco), Tate (Londres) y TBA21 (Viena). 

Ficha técnica
Exposición temporaria: “Soplo” Se extenderá hasta el 16 de febrero
Curadoras: Jochen Volz y Valéria Piccoli
Exposición organizada por la Pinacoteca de São Paulo y con el apoyo de la Embajada del Brasil.