El misterio del niño muerto descubre los mundos en tensión de Flavia Da Rin

Esta artista bonaerense, conocida por su retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, trajo su muestra al museo Palacio Dionisi, donde despliega el arte de la manipulación digital fotográfica para fusionar autorretratos y jugar con las emociones, las pieles y los ojos. Las imágenes cobran fuerza mientras la personalidad se enfrenta con los estereotipos y viceversa

El misterio del niño muerto, una serie de la joven artista bonaerense Flavia Da Rin, se luce en el Museo Palacio Dionisi sintetizando gran parte de su obra, caracterizada por escenas complejas cargadas de expresividad, en las que la emoción y la tensión entre lo propio y lo universal se tejen mediante la manipulación digital de la fotografía.
En la muestra, que fue presentada semanas atrás y que se expone hasta el 24 de noviembre, Da Rin busca expresar los momentos del proceso creativo artístico, poniendo en evidencia la muerte simbólica de una obra de arte cuando abandona el taller de la artista e ingresa en el circuito comercial. Allí, retoma la historia del personaje de la película El Tambor de Hojalata, en la que lo pone en contexto a partir de la idea de las inauguraciones y los entierros como momentos de reunión y celebración. La joven artista, quien presenta una importante retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba), comenzó a desarrollar su obra en la época del cambio de milenio, momento de efervescencia tecnológica en el que la realidad virtual, los chats, las selfies y los avatares empezaron a dinamizar la manera de pensar la identidad y las formas de representación de uno mismo. Es así que su principal técnica es trabajar la fotografía por medio de la manipulación y del retoque digital.

Da Rin fusiona autorretratos con escenas complejas, cargadas de expresividad. Con estas herramientas, transita diversos temas a lo largo de veinte años de carrera y se pone en la piel de numerosos personajes.
En una característica serie producida entre 2004 y 2007, con los ojos gigantes, la piel tersa y el pelo brillante propios de la imagen publicitaria y del animé, investiga la representación de la feminidad y sus estereotipos sociales contemporáneos, por ejemplo la young girl (mujer adolescente o joven), como un modelo de consumidor exacerbado.
Algunos años más tarde, en Sin título-Rapada (2009) evoca a la diva pop exprimida por el mercado; chicas que llegan a la cumbre tan rápido que se estrellan y, en un ataque nervioso, se cortan el pelo en un acto iconoclasta hacia sí mismas que no detiene el acoso de los paparazzis a la caza de su imagen.
La temática sobre los rituales sociales del mundo del arte en series como también se pone de manifiesto en Una fiesta para sacudirse el terror del mundo (2011), al igual que en la mencionada El misterio del niño muerto.

Más adelante en su carrera, la mirada de Da Rin se desplaza del presente al pasado para rendir un homenaje a artistas que han quedado fuera del canon de la historia del arte. Se trata de la serie Terpsícore entre guerras (2014), en la que recrea fotografías documentales de bailarinas vanguardistas de principios del siglo XX que revolucionaron el lenguaje del cuerpo y sentaron las bases del arte contemporáneo.
Esta revisión histórica del trabajo de la mujer en el mundo del arte continúa en Burdens of life (2016) y en Autorretrato (2016), en las que se ocupa de reflexionar sobre la difícil compatibilidad entre las exigencias de la maternidad y las demandas de una carrera artística.

Promos Naranja

La propia artista
Sus obras, según descripción de fuentes del Mamba, despliegan un catálogo de emociones encarnado en los rostros de chicas que son, a la vez, ella misma, imágenes cuya fuerza está en la tensión entre la personalidad y el estereotipo, entre lo propio y lo universal, entre lo real y lo virtual, donde resuenan las preguntas “¿Quién querría ser? ¿En qué imagen o emoción me puedo convertir? ¿Quiénes están allí dentro de mí, conformándome? ¿Existe, en último término, algo así como un verdadero yo? Y, en definitiva, ¿quién necesita ser uno mismo cuando se puede ser tantos otros?”.
Da Rin, nacida en el año 1978, es la directora, la escenógrafa y la montajista de su propio trabajo. Aunque recurre a la ficción y modifica su imagen hasta quedar muchas veces irreconocible, su obra es fuertemente autobiográfica: en ella recorre emociones y reflexiones que la acompañan en distintos momentos de su vida, según destaca el Mamba. Como una nativa digital, Da Rin investiga la posibilidad de devenir infinitamente en otra. En cada cambio de piel construye un juego en el que la subjetividad se despliega, transformada en una imagen que transporta deseos y fantasías para renovar las licencias de lo que se puede ser.
Las obras podrán visitarse en las salas 4, 5 y 6 hasta el 24 de noviembre, de martes a domingos y feriados, de 10 a 20.

Otras puesta en el museo
Junto a esas obras, el público podrá recorrer otras nuevas exposiciones que ofrece el Museo Provincial de Fotografía Palacio Dionisi (Av. Hipólito Yrigoyen 622). Las propuestas abarcan desde la magia de la cámara obscura, acciones performáticas, fotografía histórica hasta el impacto de la fotografía en la vida cotidiana con las nuevas tecnologías.
• En la sala Cero del museo podrá apreciarse Relación x: archivo en quiasmo, del grupo Efimerodramas. Este proyecto investiga y produce desde los sistemas minimalistas repetitivos hasta el arte de acción y la escritura performática como registro. Es producto del trabajo realizado por el proyecto “Escrituras performáticas”, cuerpo y acción, entre los años 2017 y 2019.
• En las salas 1, 2 y 3 podrá disfrutarse de la exposición automática de Gonzalo Gutiérrez. Describe el impacto que tiene la fotografía en la vida cotidiana mediante nuevas tecnologías y las redes de información. El concepto bajo el cual se encuentra fundamentado es la idea de rutina y repetición en la vida cotidiana, la hipervisibilidad y la pérdida de privacidad.
•En las salas 7, 8, 9, 10 y 11 se podrá visitar la muestra “La persistencia de la luz. Retrospectiva de la mirada que habita”, de Jorge Martín. El fotógrafo cordobés utiliza el recurso de la cámara oscura generando dentro de ella una imagen proveniente del exterior. Los espacios elegidos son los que verdaderamente le dan toda su impronta al proyecto. Es por ello que los lugares seleccionados tienen relación con la propia historia de la provincia o del país.

• En la sala Documentos se podrá disfrutar de “Revelando historias Fototeca Museo Pujia”, muestra que propone compartir la historia de la familia Pujia y su tradición como fotógrafos, exponiendo parte de la colección fotográfica conservada por cien años en la familia. Dentro de este archivo encontraremos fotografías de reconocidos artistas como Manuel de Falla, Rafael Alberti y Fernando Fader.
• En la sala Geografías Latentes se realizará “De donde SOY. 32°24’37” 63°13’53””, de Fernando Fulcheri. Esta sala del museo está destinada a exhibir obras de fotógrafas y fotógrafos del interior de la provincia de Córdoba. “Las fotografías se convierten en pinturas, los arquitectos en artistas, los números en palabras. Por estos lugares alguna vez intentaron pasar los hombres del progreso, pero la fuerza del suelo fue como un imán que los enamoró y así nació una historia forjada sobre líneas de acero”, adelanta la presentación.
• En el Sitio Multimedia se podrá presenciar “Acciones para conjurar la impermanencia”, de Celeste Martínez. A través de un registro documental audiovisual, la autora reflexiona sobre el acto de bordar una memoria en un espacio atemporal. Con la curaduría de Lucía del Milagro Arias, este video muestra a una mujer bordando flores con cabellos humanos en una enorme tela blanca. “El cuerpo realiza la acción. El cuerpo es también la materia para la práctica paciente de recuperar lo perdido”, adelanta la presentación.