Cuatro problemas recurrentes de la economía y el “gran desafío” para Fernández

Integrantes del Observatorio de Trabajo, Economía y Sociedad (OTES) enumeraron algunas tensiones que pueden presentarse a partir del 10 de diciembre. También detallaron diferencias y similitudes entre la crisis actual y la de 2001.

Por Luz Saint Phat / lsaintphat@comercioyjusticia.info

El 10 de diciembre próximo se inicia un nuevo mandato presidencial en el país, durante el cual -en contextos interno y externo desfavorables- se deberán resolver cuestiones estructurales de la economía argentina para, principalmente, mejorar el nivel de actividad de los diferentes rubros y controlar las sucesivas escaladas del dólar durante los últimos años.
Integrantes del Observatorio de Trabajo, Economía y Sociedad (OTES) de Córdoba dialogaron con Comercio y Justicia y enumeraron cuatro problemas recurrentes de la economía argentina. Además, se refirieron a cuál será el “gran desafío” que deberá afrontar Alberto Fernández a partir del próximo mes. También precisaron variables que diferencian la crisis económica actual de la sucedida en 2001 e indicaron cómo puede afectar al país el convulsionado contexto socio político de América Latina.

El OTES es un nuevo espacio de investigación y análisis económico y social que nació en Córdoba durante el mes de julio de este año. Está conformado por un colectivo de docentes, egresados y estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Córdoba (UNC). Actualmente, produce y difunde un informe mensual sobre temas referidos a la provincia. Además, uno de los objetivos de la entidad es poder brindar asesoramiento a sindicatos, cooperativas y otras organizaciones.

En los informes emitidos por
el OTES se trabajaron en profundidad
aspectos relativos a salarios y pobreza,
situación del transporte en Córdoba
y análisis de la deuda de la Provincia.

“En los últimos 20 años podríamos mencionar como problema recurrente la cuestión de la restricción externa. Esto existe desde hace 70 u 80 años y también se pueden encontrar datos anteriores. Esta restricción externa tiene que ver con un problema que se genera a medida que va creciendo la acumulación en la economía argentina. Llega un momento en donde el sector externo impone un cuello de botella, el cual se empieza a manifestar a través de falta de dólares y en una balanza de pagos deficitaria”, explicó Pablo Díaz Almada, integrante del colectivo y profesor asistente de Matemática I y Matemática II del ciclo de formación básica común de las carreras de grado que dicta la unidad académica de la UNC.

“En los últimos 20 años, esta restricción va llegando al final del 2000 y se manifestó en aquella crisis del 2001. A partir de allí, podemos observar que el problema desapareció momentáneamente hasta los años 2010 y 2011. Esto fue así porque se partía de una base muy baja luego del 2001 con una megadevaluación, una licuación de los salarios y una economía paralizada”, agregó el docente. “Después de la crisis de 2001, la recuperación fue grande pero no era un crecimiento genuino sino que previamente la actividad había bajado mucho. Es por eso que la restricción externa no se manifestó hasta el año 2010, cuando se empezó a notar la falta de dólares y el poco dinamismo de la economía”, indicó en la misma línea Andrés Frete, también miembro de OTES y tesista de la carrera de Licenciatura en Economía.

“Más adelante, y con relación a este problema se sumó la fuga de capitales para luego dar origen al ‘cepo cambiario’ como una medida que permitía enfrentar un poco esta situación. Pero el problema no se resolvió y la soluciones de los sucesivos gobiernos han sido las devaluaciones. Tanto en 2014, como después en 2016, 2018 y durante este año han sido ciclos de profundas devaluaciones que responden a la falta de dólares. Finalmente hoy hay un ‘nuevo súper cepo’, que trata de custodiar las divisas”, retomó Díaz Almada.

En esa línea, enfatizó en que la cuestión de base es que “la estructura productiva del país está conformada de esa manera y los dólares que se reciben por las exportaciones no alcanzan a cubrir lo necesario para las importaciones”.
En tanto, relacionado con esta cuestión central, los integrantes del OTES señalaron otras dos dificultades que de manera similar se han repetido en la historia económica del país de las últimas décadas: la inflación y la deuda externa.
“Lo que uno ve ante esta falta de dólares, es que la respuesta que implementan los gobiernos nacionales es captar dólares del sector financiero. Y eso genera una deuda que históricamente ha traído problemas al momento del pago de los compromisos. Luego del default y las reestructuraciones de la primera década del 2000, se registró el problema de los bonistas que quedaron fuera de los canjes. Mientras el gobierno de Macri terminó aceptando las condiciones que se imponían para volver al mercado financiero, la entrada desbocada de los capitales y el financiamiento abultado del Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a iniciar el ciclo. Todo esto teniendo en cuenta que estos dólares que ingresaron por una puerta, se terminaron yendo por la otra”, detalló Díaz Almada.

“Como decíamos – enfatizó por su parte Frete – la base de los problemas es la estructura productiva que no genera los dólares genuinos de los que siempre se habla”, mientras el docente de Ciencias Económicas amplió esta afirmación, precisando que -además- esta matriz se encuentra “enormemente extranjerizada”, por lo cual aporta a la fuga de divisas cuando las utilidades se envían a las casas centrales de las fábricas ubicadas en otros países.
En lo que respecta al elevado incremento en el costo de vida de los argentinos, los entrevistados coincidieron en que aunque “la inflación tiene distintas fuentes”, en general está muy vinculada con la “evolución del dólar” ya que “en los años en los que tenemos fuertes devaluaciones, la inflación va a acompañando ese proceso”.

Finalmente, Díaz Almada ubicó un cuarto problema que puede convertirse en estructural y está relacionado en el mercado de trabajo. “Hay una gran dificultad en Argentina respecto del sector laboral. No se trata solamente del desempleo, en relación con el cual parece que hay un piso que no se puede perforar, sino que ahora -de manera emergente- surge un empleo no registrado o una economía ‘en negro’ que alcanza a un tercio de la población económicamente activa. Además, hemos podido constatar el componente de ‘feminización’ del problema. Cuando nosotros medimos las variables (que lo hacemos en Córdoba pero lo vemos en todo el país), siempre los indicadores tienen un peor desempeño para las mujeres y los jóvenes”, detalló.

FMI vs pacto social
En el marco de estas cuestiones recurrentes en la estructura económica del país, Díaz Almada y Frete advirtieron de que el “gran desafío” que se avecina para el presidente electo es resolver la tensión política que puede generarse a partir de las demandas que se estructuren en el pacto social ya anunciado y las condiciones que pueda poner el Fondo Monetario Internacional (FMI) para renegociar el pago de la deuda, alternativa que ya ha sido anticipada.
“Nosotros vemos que el próximo Gobierno construyó una estructura de apoyo político social bastante heterogénea luego de un proceso de fragmentación previo. No obstante, ahora tenemos a todos los sectores juntos, incluidos los movimientos sociales que han cobrado mucho protagonismo en los últimos años”, indicó Díaz Almada.

“Pero por otro, lo más seguro es que se necesite refinanciar y reestructurar la deuda con el FMI, el cual va a poner condiciones para la política y para el uso del gasto y de los ingresos en la economía nacional. En este sentido habrá que ver cómo es posible sostener un equilibrio político y social con las bases del futuro Gobierno”, explicó el profesor de la UNC y subrayó que “hay una tensión entre estas dos cuestiones”.
En este sentido, agregó Frete, “toda la apuesta está centrada en el pacto social porque Alberto Fernández sabe que el país que viene necesita acordar con todos. Ya se refirió a esto cuando en el debate previo a las elecciones indicó que iba a tener que tomar decisiones tanto ortodoxas como heterodoxas, ya que está con la presión de hacer un acuerdo hacia adentro y resolver en el frente externo el tema de la deuda”.

“Otro desafío para el próximo gobierno es que no se podrá hacer lo mismo que durante los primeros años del kirchnerismo. En aquel momento, se arrancaba de un piso muy bajo en el funcionamiento de la economía y además se sumaba un frente externo con viento de cola, con países gigantes creciendo como China o India y que arrastraban a Brasil. Todo esto hacía que las exportaciones tuvieran un muy buen desempeño”, explicó Díaz Almada. En este sentido, alertó que las perspectivas para estos años indican que la actividad global se mantendrá estancada y que “obviamente eso afecta a los países como Argentina que dependen del comercio internacional para exportar los bienes, que en general, son de poco valor agregado”.
“No podemos pensar que la panacea va a ser apostar al campo porque la soja no vale lo que hace 15 años y esa demanda tampoco está como antes”, enfatizó Frete.
Además, en conversación con este medio, los académicos indicaron que otra de las estrategias para conseguir los dólares es “sobreexplotar Vaca Muerta”, aunque observaron que es necesario ver “cómo funciona”, sobre todo por las advertencias ambientales que existen al respecto de los métodos de extracción y de la afectación de las comunidades que viven en esa zona.

Dos crisis con diferentes
orígenes y contextos
Los integrantes de OTES también advirtieron de que la crisis económica actual en comparación con 2001 tiene grandes diferencias, aunque algunas similitudes.
“Una cuestión central es que ahora no tenemos un tipo de cambio fijo y nuestra economía no está dolarizada como en aquél entonces. Estos fueron factores claves en la explosión de 2001 porque si uno iba entonces a buscar dólares al banco, no los encontraba”, precisó Frete.

“No obstante, también hoy hay un problema con la deuda externa. Lo que sí es que en aquella época eran mayormente títulos públicos con menor participación del FMI”, dijo por su parte Díaz Almada. “Obviamente el FMI hace el préstamo pero impone condiciones y te ata de manos en la política local”, agregó.
No obstante, ambos entrevistados coincidieron en que “cada contexto es único y cada crisis es diferente”, por lo cual “es muy difícil hacer un paralelismo”.

CONTEXTO REGIONAL
¿Cómo afectará a argentina el escenario internacional?
Finalmente, la conversación con algunos de los integrantes del nuevo espacio de análisis económico de Córdoba se orientó a evaluar cómo la coyuntura social y política de América Latina puede condicionar o potenciar las política de la administración que lleve adelante Alberto Fernández.
“Existen características similares en los países de la región los cuales, en general, exportamos bienes de escaso valor agregado. Pero si la economía mundial viene deprimida y todavía no sabemos si va a haber otra recesión global, esto va a tener efectos en la lógica de acumulación interna de cada uno de los países. En este sentido, se van a ir reestructurando las relaciones sociales que forman parte de cada lógica”, indicó Díaz Almada.
“Además, empiezan a ponderarse más cuestiones políticas e ideológicas que estrictamente económicas. Por ejemplo, la posición de Bolsonaro con relación a Fernández. Estamos viendo que dejan de tener prioridad las históricas relaciones de comercio y pasan a estar subordinadas a posiciones políticas”, agregó por su parte el tercer integrante del OTES que participó de la conversación con este medio, Natán Spollansky, licenciado en Economía.
“Yo, personalmente, creo que una de las cuestiones más importantes es que la política y las instituciones estén funcionando. Eso va a permitir acomodar las cosas. En este sentido, han sido muy inteligentes los primeros pasos que tomó Fernández, viajando a México, dialogando con Trump y reuniéndose con embajadores de Europa. Está marcando una posición”, indicó finalmente Frete.

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