Hora de cambiar la pelota: Una postura ante la crisis

Por Osvaldo Giordano, ministro de Finanzas de la Provincia de Córdoba.

Cuando era chico, jugábamos al fútbol en un baldío de barrio Argüello Norte al que le pusimos arcos. Dado que no era tan fácil conseguir una pelota, siempre que se pinchaba, teníamos que buscar la manera de emparcharla, una y otra vez. No se nos ocurría comprar otra. Porque no podíamos. Con nuestro país pasa algo similar. Con la diferencia de que podemos cambiar la pelota (nuestro actual modelo económico y social) pero nunca lo hacemos.

La realidad le impuso al gobierno nacional abandonar el gradualismo y aplicar un fuerte ajuste fiscal. Un hito dentro de este cambio de estrategia es el haber comprometido como meta un déficit primario cero para el año próximo. El planteo no parece exagerado frente al descalabro macroeconómico que sufrimos. Pero exige un enorme esfuerzo para conseguirlo. Esto explica que para lograrlo se apele a medidas de emergencia, como la suba de impuestos distorsivos y la brusca reducción de la inversión pública. Otro parche para un modelo económico y social que lamentablemente el gobierno nacional no supo o no pudo cambiar.

Quedan las dudas si las medidas anunciadas alcanzan para salir de la crisis y reducir sus costos. Pero asumamos como una certeza de que ahora estamos más lejos de generar reglas que le permitan a Argentina crecer de manera sostenida. Tarde o temprano, la pelota volverá a pincharse. Dicho de otra manera, estamos en presencia de un ajuste fiscal tradicional cuya única aspiración es afrontar la crisis.
Es hora de pensar si ésta es la pelota con la que queremos seguir jugando. O realmente pelear por tener una nueva. Esto implica construir las bases que le den sustento a un proceso de crecimiento con justicia social. Es decir, diseñar e instrumentar una estrategia que evite las periódicas crisis y nos permita salir de la decadencia sistemática.

Ajustar el sector público, en el sentido de corregir su propensión a desequilibrios insostenibles, no es lo mismo que ordenar el sector público para que exista una razonable proporción entre el esfuerzo que le demanda a la población pagar los impuestos y lo que el Estado le devuelve en servicios a los ciudadanos. Mientras que lo primero se puede lograr apelando, como plantea el gobierno, a aumentar los impuestos distorsivos y recortar la inversión; para construir un Estado más empático con la población, especialmente la más vulnerable, hay que abordar una fenomenal transformación de los estilos de gestión.
No se trata de parecernos a Suecia o Dinamarca. Alcanzaría, al menos en una primera etapa, con adoptar alguna de las buenas prácticas que aplican países vecinos como Chile o Uruguay. No deberíamos perder de vista que si la Argentina hubiese crecido durante el presente siglo como lo hicieron estos dos países, la incidencia de la pobreza sería menos de la mitad de la que sufrimos en la actualidad.

Si seguimos discutiendo sobre parches y no sobre modelos de pelotas, una y otra vez vamos a terminar en el mismo lugar. Preguntándonos: ¿Por qué? ¿Cómo llegamos hasta acá? Por eso, es fundamental que asumamos que el principal desafío pos crisis es aplicar un shock de innovación en la organización del sector público. Esto incluye casi todos los sectores y los tres niveles de gobierno, incluyendo como un eslabón clave la eliminación de superposiciones entre jurisdicciones. Es necesario romper con el paradigma de que en la Ciudad de Buenos Aires están los iluminados que resolverán los problemas que los intendentes o gobernadores no pueden o no saben resolver.

El futuro de nuestro país está en las manos de cada uno. En parar el juego y romper las convenciones y conformismos. En empezar a juntar, cada uno desde donde le toque, los recursos necesarios para cambiar la pelota. Y terminar con el negocio de los parches que siempre beneficia a pocos y perjudica a muchos.

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