El desarrollo tecnológico de la “Argentina profunda”, desafío cooperativo para 2019

Por José Néstor Lino, presidente de Colsecor

La conectividad y la digitalización crean y sepultan significados, experiencias y dimensiones culturales en todos los campos de la sociedad. En la economía -con sus nuevos estándares de consumo-, en la productividad, en el mundo del trabajo, en la política y en los modos de representación que adoptan las instituciones.
Podríamos pensar -sin exageraciones- que actualmente no existen hábitos cotidianos y conductas de las personas que no estén alcanzadas por el avance de las nuevas tecnologías, fenómeno que ha venido a transformarlo todo.

En este contexto, Colsecor -entidad cooperativa de segundo grado dedicada a proveer servicios de telecomunicaciones- y sus 270 asociadas distribuidas en todo el país se encuentran en un momento de transición relativo al modelo de negocio y al vínculo cooperativo, en el contexto de convergencia tecnológica que atraviesa el país.
Como marco histórico, vale señalar que nuestra integración cooperativa nació en el año 1995, época de llegada también de Internet a Argentina. Ahora, luego de 23 años de existencia de nuestra organización, la coyuntura ha cambiado radicalmente, si pensamos la trascendencia y penetración que hoy tiene la banda ancha en la sociedad. En esta época, las personas que escapan al fenómeno de las “pantallas pegadas al cuerpo” son apenas excepciones y el hecho de que puedan vivir separadas de los dispositivos móviles logra despertar curiosidad.

En este sentido, todas las modificaciones que surgen como efecto del avance de las tecnologías no se pueden negar e incluso se constituyen como una orientación a futuro para las organizaciones, específicamente las de la economía social. Vale en este punto apropiarse de una cita textual de Charles Darwin: “No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio”.
En el sector cooperativo hoy tenemos la responsabilidad y legitimidad social, la originalidad y la sostenibilidad solidaria de décadas, además de una singularidad suficiente, para intentar representar lo nuevo que se puede hacer en el campo de las tecnologías y las telecomunicaciones.

No obstante, en este camino también se vislumbra una disputa de gran envergadura contra la concentración económica lucrativa, que actualmente empuja brutalmente a millones de personas afuera del sistema.
La dominación excluye y esto constituye una importante razón para comprender los procesos de migración que se multiplican en el mundo. Creemos que sobre la incertidumbre instalada por estos modelos de negocios expulsivos que prevalecen alrededor del globo, es necesario potenciar el talento asociativo de las comunidades organizadas y fomentar mediante políticas públicas estatales la productividad social.

Así, mientras el desarrollo tecnológico de la “Argentina profunda” es una oportunidad de ganancias incalculables para el lucro desmedido, para el cooperativismo se abre un tiempo bisagra que puede posibilitar transformaciones estructurales inclusivas de ciudadanía, reduciendo la brecha digital que existe entre las grandes ciudades y las localidades más pequeñas.
Es por este preciso motivo que nuestra organización considera que 2019 será un año clave para invertir, mediante la economía social, en el avance tecnológico de nuestros pueblos. Es fundamental considerar que, desde hoy y hacia el futuro, la madre de todas las pobrezas será la “pobreza tecnológica”, un peligro que se puede transformar con el tiempo en una tragedia social si no se dedican esfuerzos e inversión a equiparar posibilidades entre todos los ciudadanos del país.

PRESPUESTO 2019
Rechazo de Ganancias para cooperativas y mutuales

El Poder Ejecutivo Nacional (PEN) ha incluido dentro del proyecto de Presupuesto 2019 una modificación a la Ley del Impuesto a las Ganancias con el fin de eliminar la exención sobre determinadas actividades de cooperativas y mutuales.
El sector de la economía social de base solidaria recuerda los reiterados intentos, durante períodos de déficit presupuestario y ajuste económico motorizados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), de gravar con tal tributo los excedentes de las entidades que por naturaleza jurídica son no lucrativas.

Parece una verdad revelada para todos -menos para el Gobierno- que factores de especial trascendencia distinguen de manera palmaria e incuestionable las entidades cooperativas de otros tipos societarios, incluso desde el mismo objetivo para el cual fueron creados.
En la Ley de Cooperativas Nº 20377, el artículo 2 establece claramente que éstas son “entidades fundadas en el esfuerzo propio y la ayuda mutua para organizar y prestar servicios”. De esto deviene que se trata de empresas fundadas en la autogestión, que no persiguen el lucro y su propósito es básicamente proveer a sus asociadas bienes y servicios a un “precio justo”.

Aquí radica una de las diferencias principales con las sociedades comerciales, las cuales desde el mismo momento de su constitución persiguen como objetivo principal la generación de beneficios económicos para sus socios (que son personas diferentes de sus clientes, proveedores y empleados), maximizando la relación entre el precio y el costo.
A partir de esta diferencia central, podemos afirmar que las cooperativas, como tales, se encuentran fuera del ámbito de este impuesto, no así los beneficios que sus asociados obtienen por operar en conjunto, quienes sí se encuentran gravados por este mismo impuesto en forma individual.

En conclusión, Colsecor rechaza la propuesta del PEN así como tampoco está dispuesta a acompañar cualquier otra iniciativa de aporte adicional que pretenda negociar la no aplicación del tributo a cambio de un aumento en la contribución prevista en la ley 23427, de 2% a 3% sobre el patrimonio imponible, incluso a entidades que operen en situación de quebranto.

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