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El desafío de proveer energía en las zonas rurales inundadas

En el sudeste, las cooperativas esperan soluciones y recurren a medidas alternativas. El anegamiento crónico genera un panorama incierto para las prestadoras de electricidad, aquejadas además por el deterioro de las economías regionales. Hay miles de hectáreas que hace poco fueron productivas, totalmente paralizadas.

Las inundaciones siguen complicando la actividad económica de varias provincias y regiones del país. En Córdoba, actualmente, el escenario más grave ocurre en el sudeste. En julio, los productores de Arias y Cavanagh se movilizaron en el cruce de las rutas 8 y 12 para pedir una solución definitiva para los problemas que afrontan desde hace tres años. En esa oportunidad, el intendente de Arias, Matías Gvozdenovich, detalló que 40 por ciento de las 60 mil hectáreas del pueblo están bajo el agua y que los caminos rurales se convirtieron en canales.

Con las primeras precipitaciones del año, las localidades de ese sector temen que se agrave su situación, que ya es crónica y, consecuentemente, afecta la normal articulación de las prestaciones esenciales de las cooperativas de servicios públicos, ya que extensas áreas están saturadas y la cadena de lagunas que se formaron en los campos pueden aislar las poblaciones. A los inconvenientes en la zona adyacente a la laguna La Blanqueada, que está desbordada, se suma el elevamiento de napas, que complica en forma extrema el panorama en Arias, Cavanagh, Guatimozín, Isla Verde, Canals, Colonia Bismarck, Benjamín Gould y Viamonte.

El anegamiento endémico genera un panorama incierto para las prestadoras de electricidad, aquejadas además por el deterioro de la economía regional, debido a que miles de hectáreas que hace poco fueron productivas están totalmente paralizadas. Desde hace tiempo, intendentes, dirigentes cooperativistas, productores rurales y vecinos reclaman soluciones a corto plazo, obras de alteo sobre los trazados de las rutas, que se intensifiquen los trabajos iniciados de canalización y que se los proyecte a escala regional con las provincias limítrofes para reducir el impacto del agua: no se ha ido, no se evapora y el suelo no logra absorberla. El cuadro es preocupante para las cooperativas eléctricas porque se cayeron transformadores y líneas de suministro completas y los caminos rurales sumergidos prácticamente imposibilitan las tareas de reparación y mantenimiento.

Desafíos
Para conocer los desafíos que enfrentan las firmas del interior, VALOR + dialogó con Horacio Moreno, gerente de la Cooperativa Limitada de Electricidad de Guatimozín y tesorero de FACE Córdoba, quien dijo que el mayor problema son los caminos, porque hay tramos intransitables. No obstante, aclaró que muchos propietarios abren sus predios para que se pase por ellos y, así, logren concretarse las tareas esenciales de mantenimiento. “Hay que devolverle el servicio al usuario con medidas alternativas”, subrayó Moreno. En ese sentido, relató que los trabajadores recurren a lanchas; que si es necesario avanzan con el agua hasta la cintura y que el año pasado contrataron un parapente para poder visualizar los daños que causó una tormenta, un recurso ingenioso gracias al cual lograron devolverle el servicio a 70 por ciento de la zona afectada por el temporal. Incluso, detalló que en Isla Verde se implementó un sistema de drones para detectar desde el aire fallas y problemas.

Moreno hizo hincapié en que el estado de las vías de comunicación influye también sobre los productores quienes, pese a no tener agua acumulada en sus establecimientos, no logran acceder y que, como consecuencia del aislamiento de sus tierras, pierden sus inversiones. En cuanto a la incidencia de la problemática en la localidad, precisó que hay casas destruidas y que una de las escuelas del pueblo está muy dañada. Sobre las consecuencias económicas para la región, puntualizó que hay gente que perdió todo y que muchos campos que hasta hace dos años eran “absolutamente productivos”, ya no lo son. Asimismo, detalló que la napa está muy alta y que, aunque no llovió durante tres meses, el agua no se retira.

“Cayeron 30 milímetros el 20 de septiembre y hoy eso causa daños”, acotó. En relación con las obras necesarias para paliar la acumulación de líquido, subrayó que no se han hecho en tiempo y forma. Por ello, apuntó a la falta de previsión de las autoridades y estimó que si bien hay tareas en marcha, debieron concretarse dos años atrás. “Si no se hace un buen drenaje de la laguna La Blanqueada con colaboración interprovincial, esto no va a poder solucionarse”, valoró el cooperativista. Al respecto, informó que la Provincia comenzó a hacer canales para drenarla y que hace una semana se empezaron a probar bombas. “Estamos esperanzados con que, de a poco, el agua vaya bajando o, al menos, con que la situación no empeore”, concluyó Moreno.

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