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Un edén en la Ville Nouvelle

JARDÍN FLORIDO. Le Meridien N’Fis regala el jardín andaluz más bello del destino.

JARDÍN FLORIDO. Le Meridien N’Fis regala el jardín andaluz más bello del destino.

Murallas afuera, hacia el oeste, la ciudad de Marrakech dibuja un rostro diferente que contrasta con la caótica medina de intramuros. Conocido como la Ville Nouvelle o ciudad nueva, este sector de la periferia se distingue por grandes edificios, hoteles de categoría y amplias avenidas arboladas.

La parte antigua y la nueva son entidades administrativas separadas, gobernadas en parte por reglas distintas: en la primera el alcohol está prohibido y los edificios no pueden superar los tres pisos de altura. En cambio, el exterior de la fortaleza se destaca por sus construcciones fastuosas y su intensa vida nocturna, principalmente la que transcurre en las discotecas donde los turistas extranjeros pueden tomar libremente acompañados de espectáculos musicales y bailes de odaliscas. La oferta de entretenimiento se completa con el casino y los restaurantes de alta cocina que ofrecen las grandes cadenas hoteleras.

Entre ellas, sobresalen las propuestas gastronómicas Al Seguia, L’Iwan Moroccan y el Menzeh Restaurant del Hotel Le Meridien N’Fis erigido en una de las esquinas de la Avenue Mohammed VI, corazón del distrito residencial Hivernage. El establecimiento es uno de los más prestigiosos del destino, ocupa alrededor de cinco hectáreas y alberga el jardín andaluz más bello del lugar, además de su famoso hamman, tradicional spa marroquí ideal para relajarse con un baño de vapor y disfrutar de masajes exfoliantes.

HAMMAN. El típico spa marroquí del   Hotel Le Meridien N’Fis es un placer real.

HAMMAN. El típico spa marroquí del
Hotel Le Meridien N’Fis es un placer real.

El establecimiento tiene una ubicación estratégica a pocas cuadras de la mezquita de Kotoubia, frente al primer gran centro comercial que está próximo a inaugurar y a metros de la estación de trenes. Sus habitaciones están rodeadas por una vegetación exuberante y desde ellas se puede apreciar el murmullo de las fuentes y las espectaculares vistas de las montañas del Atlas.

Como si fuera un oasis en el desierto, su gran piscina rodeada por un palmeral es un bálsamo para los días extremadamente calurosos del verano marroquí.

Hacia el Este de esta zona, se puede acceder también al barrio residencial de la Palmeraie, una zona semidesértica llena de palmeras y que en los últimos años experimentó un creciente desarrollo inmobiliario.

En esta área, también se destaca el Museo Jardín Majorelle, construido en los años veinte por el pintor Jacques Majorelle y que compró en los sesenta el famoso estilista francés Yves Saint Laurent. Además de sus plantas inimaginables, el sitio alberga una colección permanente de arte islámico integrado por joyas tradicionales, bordados, manuscritos, antiguas piezas de madera tallada y una serie de litografías de Majollere dedicadas al monte Atlas.

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