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Resplandor en el desierto

LAS VEGAS. La ciudad del pecado emerge en plena aridez como un oasis nutrido de fuentes con aguas danzantes, hoteles colosales, carteles luminosos e infinidad de peatones, donde lo corriente es lo estrafalario.

Bailarinas emplumadas, payasos, malabaristas, una corpulenta Marilyn Monroe y un Elvis Presley psicodélico se amontonan frente a la puerta de desembarcos para recibir a los pasajeros recién llegados del primer vuelo que estrena Copa Airlines en el Aeropuerto Internacional McCarran de Las Vegas.
Podría ser un maestro de ceremonias pero quien da la bienvenida a la tripulación y presenta el acto inaugural es una marioneta que encara al público con ese humor norteamericano que desde la otra punta del continente se conoce por medio de las películas.
“Estamos muy contentos de recibir al turismo de Sudamérica a partir de esta frecuencia. Queremos que vengan y disfruten de nuestros entretenimientos, espectáculos, gastronomía y shoppings. Estamos seguros de que van a pasar un muy buen momento”, sintetiza ante el grabador de Comercio y Justicia Brian Sandoval, el flamante gobernador del Estado de Nevada, un joven apuesto de sonrisa gigantesca que más que un funcionario parece un actor de cine.
En principio, la declaración podría ser una más del montón pero luego de una intensa estadía en la capital mundial del entretenimiento queda claro que es inevitable la acumulación de buenos momentos.

Arde el Strip
Son las 14.30 y la temperatura externa asciende a 42 grados. Al salir del aeropuerto el calor abraza con tal fuerza que corta la respiración. Camino al hotel, el desierto abandona la sequedad de sus relieves rocosos, solitarios y polvorientos por un oasis nutrido de fuentes con aguas danzantes, hoteles colosales, carteles luminosos y manadas de peatones.
A lo largo del Strip, los cinco estrellas protagonizan una lucha de gigantes por quien genera más impacto. La imponente pirámide de Egipto que contiene al Luxor se enfrenta con el rascacielos dorado y pantagruélico del Mandalay Bay, que se despereza como una medialuna de cuadra en cuadra. Más adelante, atrapan la mirada las torres multicolores de los castillos medievales que identifican al  Excalibur y las megapantallas electrónicas  del MGM Resort.
En el mismo paisaje, el mundo se resume en menos de las diez cuadras que palpitan enérgicas en el corazón de la metrópolis. El Hotel Paris se luce con una réplica a gran escala de la Torre Eiffel coronado por un gran globo aerostático que se aprecia desde el principio al fin de la avenida. El New York New York ostenta la Estatua de la Libertad y una montaña rusa desmesurada que contrasta con la escenografía típica de una postal norteamericana. El Venetian emerge desde canales artificiales por donde navegan gondoleros blondos y colorados entonando canciones en italiano. El Monte Carlo se contornea entre callecitas románticas y el Ceasars Palace, el coloso romano que alberga más de tres mil habitaciones, se impone con la soberbia de un verdadero palacio imperial.
Estas moles de extrema originalidad y desborde de opulencia se conectan entre sí a través de un laberinto de puentes vidriados, escaleras mecánicas y galerías comerciales para que los transeúntes puedan atravesar su interior sin barreras, teniendo siempre a disposición un casino donde despuntar la tentación de la suerte.
En la calle, una fauna de personajes avanza en direcciones contrarias. Los típicos gringos de talles especiales combaten el sofocón empuñando vasos de cerveza como si fuera una extensión de sus manos. Algunos, insaciables, empinan recipientes cargados de alcohol con pipetas de hasta medio metro de largo. Tras de ellos, un barman ofrece tragos de vodka con limón desde su barra montada en plena vereda mientras que frente a ellos, un par de niños se fotografía con Winni de Poo, quien aguarda unas propinas bajo la sombra del árbol, al borde de la deshidratación.
Los más avispados combaten con tragos esotéricos e hidromasajes la temperatura extrema en las soberbias piscinas. En casi todas las piletas, los bañistas se disputan por conseguir un lugar vip. Hay un culto por ello. Un caso extremo son unas cabañas que albergan LCD con playstation, sillones mullidos, frigobar y hasta una llovizna refrescante que cae del techo. En el Hotel Cosmopolitan hay que desembolsar un mínimo de 1.500 dólares en bebidas para acceder a este beneficio.
Entre la muchedumbre que circula en la acera también se distinguen las japonesas que colman su ansiedad cargando bolsas de compras de Gucci, Prada y Louis Vouiton, mientras que el resto de los mortales se conforma con llevarse un emblema del consumo americano por medio de los exóticos souvenires provenientes de las tiendas de Coca Cola, M&M, Harley Davison, Hard Rock Café y Planet Hollywood.
Las Vegas se jacta por ser una de las ciudades que más licencias de matrimonio otorga por año, así como también es el sitio elegido para despedir a los solteros. Es común toparse con un convoy de mujeres vestidas del mismo modo escoltando a una princesa Barbie que hace malabares para sobrellevar sus tacos aguja y su futuro de mujer casada, o una novia de blanco espumante y su pareja de traje smoking impecable posando bajo el febo ardiente en alguno de los complejos escenográficos.
El hervidero de gente se traslada al ritmo de un bullicio omnipresente. Aunque los comercios estén pegados, cada uno tiene parlantes a la calle con una melodía diferente que se alterna y superpone sin piedad. En el interior de los edificios, el ruido continúa con el tintineo de las maquinitas y la música funcional de los casinos como una alerta constante y ensordecedora.

Días eternos
En Las Vegas los días se devoran las noches y viceversa, no hay un límite entre ambos con el fin de prolongar todos los excesos. Los casinos abren las 24 horas y aunque afirman que solo 2% de los turistas visita el destino con la intención de jugar, el resto se ve tentado en algún momento por tirar unas fichitas. Y, en efecto, siempre están llenos, incluso desde las primeras horas del alba se encuentran jubiladas sesentonas que derrochan su soledad frente a los tragamonedas a la par de jugadores trasnochados que aún no se consuelan con el resultado de sus apuestas.
También las discotecas como el Marquee Nightclub del Cosmopolitan comienzan con la caravana desde el mediodía, en tanto que las bóvedas de algunos salones como el Venetian, el Paris, o el Forum Shops del Ceasars Palace están pintadas con un cielo despejado y celeste que parece real,aunque en el exterior reine la noche.

Ciudad del pecado
The city of sin o ciudad del pecado gira en torno a los vicios y la diversión. Así nació este oasis del entretenimiento en pleno desierto, cuya historia se remonta a la legalización del juego en 1931. Su pasado también está vinculado con la mafia; de hecho, el primer gran emprendimiento turístico estuvo construido por el gánster Bugsy Siegel, quien lo bautizó “Flamingo” por las largas piernas de su amante.
The Mob Museum es otro indicio de la presencia trascendental del crimen organizado que marcó la personalidad de este lugar. Son cuatro pisos donde circulan videos, proyecciones, representaciones de escuchas telefónicas, fotografías y hasta elementos de tortura que desandan las aventuras de los mafiosos desde su gestación hasta la captura de más de cien criminales en manos de las fuerzas de seguridad e inteligencia norteamericanas a lo largo de los últimos años.
El museo está ubicado a pocas cuadras de la calle Freemont, un pasaje peatonal de cinco cuadras cubierta por una pantalla que destella video clips, música y sonido . Curiosamente, se puede atravesar la cuadra con una insólita tirolesa. El sector dista del glamour y el lujo del Strip y cultiva un ambiente más informal y populoso.

Noches mágicas
Atardece sobre el Strip. Una bola ardiente se va escondiendo en el paisaje montañoso que rodea la urbe, mientras las luces de los neones van aliviando el paisaje infernal que abandona el día.
Como estrellas en el ocaso, desfilan por las calles siluetas esculturales, vestidos de lentejuelas y raso, limousines gigantescas, tarjeteros de sexo pago, disfrazados y patovicas.
La salida en Las Vegas está cargada de extralimitación pero también tiene mística, fantasía y espectacularidad.   La programación cultural es exorbitante. En una misma velada, se puede elegir entre las siete propuestas del Cirque du Soleil, la puesta sublime de “Le Reve” o un recital íntimo y deslumbrante a cargo de la mismísima Céline Dion.
A diferencia de los shows que se aprecian en otra parte del mundo, aquí los escenarios están construidos especialmente para cada elenco, a tal punto que en algunos, como “Le Reve”, la trama gira en torno a una piscina gigantesca de la cual emerge un cuadro de baile y se zambullen clavadistas desde la cima del teatro. En otros, como “Ka”, la superficie se eleva en forma de muralla y se transforma en arena, en barco y hasta en las profundidades del mar.
“Las Vegas no es una ciudad de verdad, lo parece pero no es real”, afirma Silvia Adernie, una actriz brasileña que llegó a estas tierras hace siete años para integrarse a la compañía de “Love”, la función del Cirque du Soleil en homenaje a los Beatles que se brinda en el hotel The Mirage. Con sus ágiles 77 años es   la mujer más anciana de la compañía canadiense que conquista cada noche   el corazón del público local.
En Las Vegas todo es impresionante y descomunal. Nada es a medias, los espectáculos son espectaculares, los hoteles son majestuosos, la gastronomía es soberbia y hasta la gente, desborda de simpatía y cordialidad. Todo está pensado para pasar un buen momento.

Agenda de Viaje

Cómo llegar
Copa Airlines ofrece cinco frecuencias semanales a Las Vegas con escala en Panamá. Precio del pasaje ida y vuelta desde 1.382 dólares finales.
Más info en: oficinas comerciales de Copa (Av. Vélez Sársfield 478) o en www.copaair.com

Alojamiento

  • La oferta de hoteles en Las Vegas es inagotable. Entre los mejores y de mayor lujo se destacan el Cosmopolitan; MGM Grand; Venetian; Ceasars Palace; The Mirage; Paris Las Vegas; The Wynn y Bellagio.
  • El precio de la habitación promedio oscila 85 dólares.

Excursiones

  • Vuelo en helicóptero por el Gran Cañón: US$ 489 por persona.
  • Visita al Mob Museum: US$ 18 por persona.
  • Entrada al Cirque du Soleil: desde US$ 90 por persona.
  • Entrada a Le Reve: de US$ 150 a US$ 495 por persona.

Dato: en el Strip (calle principal de Las Vegas) se encuentran kioscos donde se pueden conseguir descuentos para determinados espectáculos.

Gastronomía

  • Entre los restaurantes recomendados se destacan: Scarpetta, China Poblano y Comme Ca (Cosmopolitan); Shibuya (MGM Grand); Olives (Bellagio); Serendipity (Ceasars Palace); Japonais (The Mirage); Max Brenner (Forum Shops Ceasars Palace) y Gordon Ramsay Steak (Paris Las Vegas).
  • En los restaurantes de alta gama el menú con entrada, primer plato, postre y gaseosa parte de US$ 45 por persona. Pochoclo US$ 7 y gaseosa US$ 4,50.

Información turística www.visitlasvegas.com  / www.lvcva.com

 

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