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Bangkok, un torbellino de contrastes

RÍO DE LOS REYES. A lo largo del Río Chao Phraya se encuentran los templos y palacetes más icónicos de la gran metrópolis.

RÍO DE LOS REYES. A lo largo del Río Chao Phraya se encuentran los templos y palacetes más icónicos de la gran metrópolis.

La capital tailandesa se caracteriza por una diversidad de facetas. Gigantesca, multitudinaria, exótica, hipermoderna, antigua, descontracturada, lujosa, transgresora y religiosa. La metrópolis causa una mezcla de sensaciones con sus cualidades extremas y contradictorias 

Por Carolina Brenner – Enviada especial a Tailandia
Instagram: @carobrenner
cbrenner@comercioyjusticia.info

Milenaria y moderna, espiritual y transgresora, lujosa y humilde, multitudinaria y armónica. Bangkok es una amalgama de cualidades antagónicas y extremas. Un entretejido que alterna templos y palacios del siglo pasado con rascacielos y hoteles masteodónticos, escuelas de meditación con zonas rojas, mercados populares con shoppings de vanguardia, y calles abarrotadas de vehículos que no llegan a alterar el temple de una población serena y respetuosa.
La capital tailandesa, también conocida como “ciudad de los ángeles”, concentra su mayor impronta budista en torno al río Chao Phraya, salpicado a lo largo de su margen por templos polifórmicos de picos interminables y budas gigantescos. El río atraviesa la metrópolis considerada una de las más calientes del mundo en un intento frustrado por refrescar la humedad oprimente que durante la mayor parte del año suele provocar hasta desmayos. No es casual que los transeúntes lleven consigo un lápiz de mentol para levantar la tensión.
Los monjes resaltan entre la muchedumbre cual lunares naranjas de un entramado de gente que avanza como hordas entre barcos, estaciones de metro y aceras. La mayoría de los transportes públicos reservan un espacio para los religiosos. Las mujeres no deben acercarse ni sentarse a su lado, así como tampoco ni ellas ni los hombres pueden ingresar a los sitios sagrados con los hombros y las piernas descubiertas.
Los tailandeses valoran el respeto hacia sus costumbres y, con un musical y simpático khob khun ka, lo agradecerán.

En la urbe, extremadamente grande y multifacética, cohabitan silenciosos canales o khlongs que se derraman del caudal madre o “de los Reyes”, con inmensas avenidas apabulladas de tráfico. En estas interminables arterias no hay bocinazos ensordecedores ni conductores enfurecidos, sólo miles de motocicletas que se balancean entre hileras infinitas de autos y tuc tuc, una especie de taxi o motocarro de tres ruedas con dos asientos traseros para pasajeros. Para iniciar un recorrido por la ciudad, lo ideal es abordar una de las cientas de embarcaciones que transitan por el afluente principal. Para ello, se recomienda tomar el metro hasta la parada más cercana a cualquier estación portuaria y desde allí disfrutar el paseo náutico que se detiene en los principales iconos turísticos.
Entre ellos, se destacan el Gran Palacio Real, situado en el corazón de la isla de Rattanakosin, cuya construcción se inició en 1782 para convertirse en la residencia del rey Rama 1° y ahora se utiliza sólo con fines ceremoniales. Lleva su tiempo peregrinar entre sus interiores, por lo que vale la pena priorizar la visita al Buda Esmeralda Phra Kaeo Morakot, su escultura más venerada tallada en jade verde y situada en medio de figuras y adornos de oro. En los pórticos laterales resaltan más de 150 imágenes del buda y las 28 pagodas chinas que rodean el edificio (abre de 8.30 a 15.30 y el precio de la entrada es de $250 por persona).

A pocas cuadras de allí se encuentra el Wat Pho que acoge al enorme Buda Reclinado de 46 metros de largo y 15 metros de altura construido en el siglo XI y considerado uno de más antiguos del país. El edificio fue primero una universidad budista para luego albergar a la escuela de masaje tailandés que todavía se encuentra en funcionamiento. Sorprenden sus más de cien estupas escoltadas por imponentes guerreros protectores. (Abre de 8 a 18:30 hs. y el ingreso cuesta $25 por persona)
Del otro lado del río se yergue el Templo del Amanecer Wat Arun, uno de los más pintorescos por su estilo Khmer y la imponente estupa de 80 metros de alto decorada con miles de incrustaciones de porcelana China( abre de 8 a 17 y la entrada cuesta $25 por persona).
Estos impactantes edificios se suman a los más de 400 templos budistas en actividad que existen en la metrópolis, por lo que se sugiere listar los elegidos y combinar el resto del paseo con los famosos mercados locales.
Por ejemplo, Chatuchak considerado uno de los bazares más grandes del planeta. Ubicado al norte de la ciudad, abre sólo de viernes a domingo y reúne a más de ocho mil puestos donde se puede conseguir de todo. Sus angostos pasillos abarrotados de indumentaria, calzados, baratijas y artesanías, entre un sinfín de productos, en su mayoría imitaciones y réplicas de marcas internacionales, descansan en espacios comunes amenizados por espectáculos callejeros como malabaristas de té, músicos, acróbatas y tiendas de comidas típicas y frutos exóticos.

Más allá del interés por comprar, transitar por estos bazares resulta una experiencia en si misma. Algunos -como los del barrio chino- transportan al visitante a esta cultura a través de sus aromas, sabores y colores. Lo mismo sucede con el mercado de las flores, que explota de colores gracias a la infinidad de especies y semillas; y el mercado de Mae Klong cuyo atractivo diferencial es el momento en que los puesteros deben levantar sus mercancías de las vías al momento que pasa el tren.
Un poco más alejados, se descubren los mercados flotantes de Amphawa y Taling Chang, caracterizados por una enorme variedad de tiendas situadas a la vera del agua, donde se ofrecen platos de la exquisita cocina tailandesa a quienes lo recorren a pie o a bordo de canoas que navegan el canal.
Por otro lado, la ciudad también ostenta megashoppings y centros comerciales súper modernos como el MBK (famoso por sus siete plantas colmadas de productos), Central World, Terminal 21, Pantip Plaza (reservado únicamente para tecnología donde son más los artículos truchos que los originales), y otros más lujosos como Emporium.

Noche activa
Bangkok es una ciudad que no duerme. Restaurantes, bares, pubs, discotecas, mercados y áreas rojas le dan vida a una actividad nocturna eterna, intensa y osada. No se percibe inseguridad y se puede andar por la calle a cualquier hora, sin problema.
Una gran cantidad de espacios gastronómicos y comerciales funcionan hasta altas horas de la madrugada, al igual que las casas de masajes, por lo que el entretenimiento en estos lares no tiene fin.
Para los más aventureros, son imperdibles las zonas más picantes como Patpong, Koh Sao Road y algunos sectores de Sukhumvit como Nana y Soi Cowvoy, que congregan a los Go Go Bars, una especie de cabarets donde se puede tomar tragos rodeados de mujeres ligeras de ropas, así como presenciar espectáculos de bailes y escenas eróticas, entre luces de neón y música ensordecedora.
En muchas de sus facetas, la capital tailandesa es religiosa y tradicional, y en otras es rebelde y desprejuiciada, lo que resulta un revuelto fascinante de contrastes.

Agenda de viaje

Cómo llegar
Cada vez son más las compañías que ofrecen vuelos desde Argentina hacia Tailandia. Entre ellas se destacan Turkish Airlines, Emirates y Qatar Airways, entre otras.

Dónde dormir
En Bangkok y Chiang Mai existe gran variedad de alojamientos.
*En Bangkok: Bangkok Marriott Marquis Queen`s Park.
www.bangkokmarriottmarquis.com
*En Chiang Mai: Le Meridién Chiang Mai.
www.starwoodhotels.com/lemeridien.
Tarifa desde US$110 la habitación doble.

Qué hacer
En Bangkok: recorrido por templos, mercados, canales, barrio chino y zonas nocturnas. En Chiang Mai: templos, mercados, campos de elefantes y tribus de la montaña.

 Más info
www.turismotailandes.com

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