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La incógnita en el camino a l’Élysée

paris

Por Claire Bernard – Marsella, Francia

La campaña electoral francesa termina oficialmente hoy. Después de la 12 de la noche, ningún candidato, partido, político o medio podrá hablar de este tema. Y ello es un alivio, porque los franceses necesitamos una pausa después de meses de tormenta mediática-política, para decidir a quién votar este domingo. Estas 24 horas de “calma política” parecen más importantes que nunca, ya que estas elecciones presidenciales se presentan inciertas. Por primera vez en la historia de la Quinta República, las dos grandes formaciones políticas que se han sucedido en l’Élysée durante años -los Republicanos y el Partido Socialista- corren el riesgo de no pasar a la segunda vuelta.
En efecto, con un total de 11 candidatos que se presentan a las presidenciales francesas del 2017, sólo cuatro cuentan con posibilidades reales de pasar a la segunda vuelta. Se trata de Emmanuel Macron (En Marche), Marine Le Pen (FN), Jean-Luc Mélenchon (PC) y François Fillon (LR). El candidato socialista, Benoît Hamon, quedó desbancado en las encuestas.

Cuatro favoritos
Tanto Le Pen como Macron, Mélenchon o Fillon pueden llegar a la segunda vuelta. Y eso quiere decir sobre todo esto: lo impensable. Que Marine Le Pen o Jean-Luc Mélenchon sean presidentes de Francia. Que los partidos “extremos” puedan gobernar el país es una posibilidad real.
Hasta hace unas semanas el sistema electoral francés tranquilizaba a los europeos más razonables. En efecto, aunque se teme que Le Pen pase al balotaje, se daba por descontado que una vez allí cedería ante Macron o Fillon, capaces de agrupar el voto democrático más allá de sus simpatías respectivas. Esa situación ocurrió en 2002, con Le Pen (padre) y Jacques Chirac. Éste fue elegido con más de 82% de los votos.
Pero ¿qué podría hacer un demócrata francés, a quien no le gustan los extremos y que nunca pensó votar un “ultra”, si en la segunda vuelta quedan el Partido Comunista de Mélenchon y el Frente Nacional de Le Pen?
Hay que ser realistas, eso podría ocurrir. El candidato del partido socialista Hamon, que en teoría sería el representante de la izquierda francesa, está muy abajo en las encuestas.

Los partidos tradicionales, en peligro
En esta campaña el “voto útil” tiene una gran importancia. Este fenómeno consiste en votar por el candidato que tiene las probabilidades más grandes de ganar las elecciones.
Es en gran parte gracias a este “voto útil” que el presidente François Hollande (PS) fue elegido. Los comunistas franceses, en 2012, eran conscientes de que su candidato comunista no tenía chances. Además, había una amenaza de avance de la extrema derecha, por lo tanto votaron por el “más potable”: Hollande. Hoy, el mismo fenómeno está pasando, pero no con los comunistas sino los socialistas. Por eso Hamon aún no es considerado como candidato posible para la segunda vuelta. Mélenchon, con su tónica de las últimas semanas, avanzó un punto hasta 18% de las preferencias, mientras que el socialista Hamon retrocedió un punto hasta ocho por ciento. Así, los franceses perdimos la posibilidad de una izquierda moderada con posibilidades.

En cuanto a la derecha de los republicanos, todo parecía fácil y evidente para el partido de derecha después de cinco años de fracaso socialista al gobierno (prueba de ello es que Hollande renunció a postularse para un nuevo mandato presidencial, algo totalmente inédito en la V República).
Por primera vez en su historia, el Partido de los Republicanos había realizado internas abiertas y Fillon demostró que tiene siete vidas porque sin estar en los primeros lugares de la intención de voto fue elegido abrumadoramente por los simpatizantes y militantes de derecha para ser el candidato oficial. Fue el Primer Ministro de Nicolas Sarkozy durante cinco años, tenía la imagen de un hombre político inteligente, competente y honesto: no tenía ningún proceso judicial (lo que no era el caso de Sarkozy). Por lo tanto gozaba de una muy buena reputación. Todo parecía escrito. Se sabía de antemano. Sólo un cataclismo podía impedir entonces su llegada al Palacio del Elíseo. Y el cataclismo llegó en forma de imputación judicial.

Los franceses fuimos sacudidos por el “Penélope Gate”. Penélope Fillon, esposa del candidato, fue acusada de malversación de fondos públicos. El periódico Le Canard Enchaîné publicó una investigación en la que afirmó que François Fillon contrató oficialmente a su esposa como asistente parlamentaria. Pero nunca se la vio en la Asamblea Nacional, o trabajando con el equipo de François. A Penélope le pagamos con nuestros dinero para no hacer nada. La bronca del pueblo francés estuvo a la altura de su sorpresa y la imagen del candidato de Los Republicanos lo pagó. Sin embargo, François Fillon no se da por vencido: “Sé que estaré en la segunda vuelta”, dijo domingo pasado en una entrevista en el semanario Le Journal du Dimanche (JDD), en la que cree que su imputación por falsificación y malversación de fondos no ha minado su “autoridad moral” para ejercer la jefatura del Estado.

El éxito de “En marche!”
Este paisaje político confuso y decepcionante para los franceses fue el terreno ideal para la llegada de Macron. En efecto, nuestra continua búsqueda de un perfil diferenciado, a la derecha del Partido Socialista pero con tintes sociales y cosmopolitas que lo alejan de los conservadores, convirtió a Macron en un ente extraño en la política del país: un liberal. El candidato propuso para los próximos cinco años un gran plan de inversión de 50.000 millones de euros en materia de revolución digital, modernización de los servicios públicos, renovación urbana o transición ecológica. Ámbito para el que se destinará en exclusiva 15.000 millones.
Macron, que aceptó la alianza con François Bayrou (de centro) y cuenta, según los sondeos, con grandes opciones de victoria, señaló que su intención es conseguir una “unión amplia” en torno a su proyecto y dio la bienvenida a todos “quienes se reconozcan como progresistas”.
Macron se presenta como el candidato de “la ruptura” con nuestro sistema político. No se priva de referencias indirectas a Fillon: “La indecencia y los privilegios han durado demasiado (…).

Queremos gobernantes responsables”. Y propone una gran ley de “moralización de la vida pública”, en la que se incluya la prohibición de que los cargos públicos contraten a familiares.
Su intención de cabalgar en solitario quedó clara hace un año con el nacimiento del movimiento político “En Marcha”, plataforma inspirada en la campaña de Barack Obama en EEUU desde la que lanzó su candidatura presidencial tras dimitir del Gobierno en agosto.
Joven e inteligente, con aspecto de yerno perfecto y de primero de la clase, el ex ministro de Economía se ha convertido, a sus 39 años, en el favorito para presidir Francia durante los próximos cinco años. El Petit Prince apoya sus posibilidades de llegar a l’Élysée en el hecho de haber logrado reunir universo de votantes homogéneo. De todas las edades, sectores socio-profesionales y sensibilidad política. Moderada, claro.
En menos de 48 horas, se develará el misterio para los franceses y los europeos. Con una sociedad conmovida por eventos de ayer en París conoceremos los candidatos del balotaje.
Este contexto agitado seguramente generará un avance de votos motivados por el miedo y el sentimiento de inseguridad, que ya no se puede ignorar.

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