Home  >   Opinión   >   Fin de la era nuclear

Fin de la era nuclear

central nuclear

Por Greenpeace España

La energía nuclear está muy lejos de ser una alternativa limpia y sostenible: aunque produce menos CO2 que el petróleo o el carbón, los residuos nucleares son altamente contaminantes y dejan su huella durante cientos de años antes de degradarse. Y en caso de accidente, como el de Fukushima o el de Chernobil, destrozan por completo la salud, la habitabilidad y el ecosistema de áreas que sobrepasan con creces las localidades donde suceden.
Accidentes así pueden volver a producirse y el costo social, ambiental y económico lo sufragan los ciudadanos y no la industria nuclear.
Por otra parte, la energía nuclear aporta únicamente 4,5% de la energía primaria comercial mundial, el parque nuclear está envejecido y las nuevas construcciones sufren aumentos de los presupuestos previstos y retrasos en los prolongados plazos de construcción.
Ni siquiera es una energía barata: la instalación y desmantelamiento de las centrales son muy caros, al igual que la obtención de una materia prima escasa (uranio o plutonio) y la gestión de los residuos. Una foto general de la situación muestra que de los 192 países de la ONU, sólo 30 tienen reactores nucleares y 16 de ellos (sin contar a Rusia) son europeos. Es decir, en 15% de los países del mundo se encuentra toda la potencia nuclear instalada y casi la mitad está en Europa.
Por otra parte, según la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), la edad media de cierre de las nucleares en Europa es de 25 años.
De acuerdo con el Instituto Max Planck, un accidente nuclear catastrófico como los de Fukushima o Chernobil puede producirse en algún lugar del mundo una vez cada 10 ó 20 años. Según el Informe World Nuclear Industry Status Report 2013, en 2012 la generación mundial de electricidad de origen nuclear se redujo en siete por ciento, lo que supera la caída récord de cuatro por ciento de 2011. La participación nuclear en la generación de electricidad en el mundo disminuyó de forma constante desde el máximo histórico de 17% en 1993 hasta el 10% en 2012.
La nuclear no es una energía alternativa frente al cambio climático, ya que incluso triplicando la capacidad nuclear mundial únicamente daría lugar a seis por ciento de reducción de las emisiones de carbono, según la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIE).
Por otra parte, ha quedado comprobado cómo cuando Alemania ha decidido cerrar las nucleares de manera ordenada no ha habido problemas y cómo Japón paró todas sus nucleares, 54 en total, de manera “precipitada” tras el desastre de Fukushima y tampoco ha pasado nada.

¿Qué soluciones hay?
Para mejorar la seguridad:
Que la transparencia y la independencia de los reguladores nucleares ayuden a tomar decisiones que velen en exclusiva por la seguridad y los aleje de las presiones económicas y políticas.
La participación pública ayuda a que se favorezca la transparencia y obliga a los operadores a mantener incentivos elevados de seguridad.
Modificar la responsabilidad civil para que no haya un límite de daños y para que se extienda a toda la industria nuclear, no sólo a los operadores. Mayores costos en responsabilidad implica mayores inversiones en seguridad.

Para cerrar las nucleares:
Adoptar un modelo energético 100% renovable y eficiente, que es técnicamente posible, económicamente viable y sostenible.
Si se mejora la seguridad, el resultado esperado es que disminuya la probabilidad de sufrir otro accidente nuclear y que, en el caso de que ocurra, las víctimas estén mínimamente protegidas. Respecto al cierre de las nucleares, evitará la posibilidad de más accidentes, y permitirá desarrollar más rápidamente alternativas energéticas muchísimo más beneficiosas para el conjunto de la sociedad desde el punto de vista de la sostenibilidad, de la accesibilidad a la energía, etcétera. Además ayudaría a reducir el desarrollo armamentístico nuclear.
Por todo ello es necesaria una reforma fundamental del régimen de responsabilidad nuclear. Actualmente, los beneficios se privatizan mientras que los riesgos se socializan. La legislación sobre responsabilidad nuclear debe basarse en las necesidades de las posibles víctimas. La responsabilidad debe ser estricta e ilimitada en el tiempo y en el alcance, debe determinar la responsabilidad de los proveedores, así como de los operadores, y garantizar una cobertura plena de todos los costes potenciales de un incidente o accidente nuclear.