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El artífice de la Resistencia francesa

contratapa

Su labor fue determinante para unir distintos grupos en pos de
 la liberación de ese país

Por Luis R. Carranza Torres

Con honores de un jefe de Estado, el 19 de diciembre de 1964 las cenizas de Jean Moulin fueron trasladadas desde el Cementerio de Père-Lachaise al Panteón de París, lugar destinado a honrar a los grandes hombres que han marcado la historia de Francia.
En la ceremonia, presidida por el presidente Charles de Gaulle, las palabras del discurso de André Malraux, ministro de Cultura, permanecerían en la memoria de todos: “Entra aquí Jean Moulin, con tu terrible cortejo. Con los que como tú murieron en las mazmorras sin haber hablado. Con todos los desaparecidos y rapados en los campos de concentración (…) Entra, con el pueblo nacido de la sombra y desaparecido con ella, nuestros hermanos en la Orden de la Noche (…) Que hoy, juventud, puedas pensar en este hombre como si hubieras acercado tus manos a su pobre cara deformada del último día, a sus labios que no hablaron, pues ese día ésa era la cara de Francia”.
Al depositar sus restos, no se ejecutó La Marsellesa, el himno francés, sino la Chant des Partisans, la canción que identificaba a la Resistencia.
Era lo adecuado, a dos décadas de su muerte y de la liberación de París, para quien se había convertido, por propios méritos y al precio incluso de su vida, en el símbolo del heroísmo francés de la Resistencia, difíciles momentos en que el país se hallaba bajo la ocupación de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Natural de Béziers, en la región de Occitania, este morocho con estampa de galán, de contextura robusta, ideas brillantes, un seductor en todos los campos de la vida, desde la política a las mujeres, fue quien aglutinó a los dispersos y estableció un verdadero estado en las sombras en Francia durante esos difíciles momentos.

Nacido un año antes del inicio del siglo, 1899, fue hijo de Antoine-Émile Moulin, profesor de Historia y Geografía, radical-socialista, masón y anticlerical. Tales son las ideas que guían sus pasos. Después de terminar la escuela, en 1917 se inscribe en la Facultad de Derecho de Montpellier, la que abandona prontamente para alistarse en el ejército francés. Corren por entonces los últimos tiempos de la Primera Guerra Mundial y Jean es destinado al 2º Regimiento de Ingenieros, pero el conflicto concluye antes de que culmine su entrenamiento.
Obtiene su Licenciatura de Derecho en 1921 y entra en política. Tiene capacidad, estampa y convencimiento. En 1937 será el prefecto más joven del país, a la edad de 38 años. Antes de eso se ha destacado en el Ministerio del Aire, donde se encargó de la ayuda francesa al bando republicano durante la Guerra Civil española.
A la par de la política, su afición por el dibujo lo llevó a publicar varias caricaturas y dibujos humorísticos en la revista Le Rire, con el pseudónimo de Romanin. No será la última vez en su vida que use un nombre que no resulta el suyo.
Después de la caída de Francia en 1940, se une a la Francia Libre del general De Gaulle en Londres. Jean proviene de la izquierda liberal y anticlerical y Le Grand Charles es católico y conservador. No pueden ser más distintos en las ideas y creencias, pero hacen gala de ese rasgo típico del patriotismo galo: poner los intereses de Francia por sobre las conveniencias y hasta la conciencia personal.
Lanzado en paracaídas sobre la región de Arpilles, en los Alpes de Saboya, a partir de 1942 se dedica a unificar y fortalecer los distintos grupos que se oponen a la ocupación alemana y al gobierno títere establecido en Vichy.
Instala como fachada una galería de arte en Niza, la que llama “Romanin” por su antiguo seudónimo artístico. Recorre el país simulando ser un marchand en busca de piezas de arte. Pronto, la Gestapo en Francia recibirá reportes de que una persona, bajo el nombre de guerra de “Rex”, primero, y más tarde el de “Max”, ha logrado unir a casi todos, desde los nacionalistas a los comunistas, en un ejército en las sombras para combatirlos. Se trata de las “Fuerzas Francesas del Interior”.
El 27 de mayo de 1943, a escondidas, en el departamento de René Corbin en París tiene lugar la primera sesión del Comité Nacional de la Resistencia, integrado por diez movimientos, seis partidos políticos y dos centrales obreras, presidido por Jean Moulin, que acepta a Charles De Gaulle como jefe del gobierno provisorio y líder de la Francia Libre.
Menos de un mes después, el 21 de junio, Moulin es capturado en Lyon por la Gestapo. Su interrogatorio es dejado a un Hauptsturmführer de las SS, rango equivalente al de capitán en el ejército, cuyo nombre es Klaus Barbie. Tiene ya el triste apodo de “el Carnicero de Lyon” por obvias y oscuras habilidades. Pese a las múltiples torturas, que lo dejaron en estado de coma, Jean sólo revela un único nombre de los miembros de la resistencia: el suyo. Sin poder quebrarlo, con múltiples heridas, su cabeza hinchada y envuelta en vendajes, fue enviado primero a París y luego a Berlín para ser interrogado de nuevo. Pero al llegar a Metz muere por sus heridas, el 8 de julio de 1943.
Faltaba poco más de un mes para que las fuerzas de la 2ª División Blindada francesa, al mando del general Leclerc, entraran en París a liberarla. Por esas cuestiones del destino, Jean murió sin ver la liberación de su país, por la que tanto había luchado y de la que ya se había convertido en un símbolo destacado.