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Costo argentino, inflación, crecimiento económico y desarrollo social

Por Luis A. Esterlizi* - Exclusivo para
Comercio y Justicia

Por Luis A. Esterlizi* - Exclusivo para Comercio y Justicia

El trabajo público ha dejado de ser un servicio público. Más bien se ha convertido en un modo de vida y una posibilidad de notable enriquecimiento personal. Hasta que el país no termine con las causas estructurales que inciden en el costo argentino, ni la inflación, ni la falta de competitividad de lo que producimos, ni la falta de crecimiento y desarrollo social podrán superarse en Argentina. Estas causas -que están en el ombligo de nuestra propia responsabilidad- devienen directamente del peso de las administraciones públicas que se han convertido en engendros con una voracidad insaciable y que sólo es satisfecha incrementando en forma desconsiderada el costo de los servicios esenciales, tasas e impuestos municipales, provinciales y nacionales.

En primer lugar debemos tener en cuenta que las administraciones públicas terminan siendo un botín de guerra dentro del régimen democrático actual y quien gana el poder para manejarlas discrecionalmente posee una herramienta más que apta para consolidar las carreras políticas de dirigentes y grupos partidarios. Es que el trabajo público ha dejado de ser un servicio público. Más bien se ha convertido en un modo de vida y una posibilidad de notable enriquecimiento personal. En segundo término, los recursos genuinos que permiten sostener una administración estatal son las tasas con que se gravan los servicios e impuestos que pagan los ciudadanos por sus acreencias económicas y financieras, las propiedades y las actividades laborales, productivas y comerciales. Por lo tanto, si tenemos en cuenta que hoy Argentina tiene 30% de la población por debajo de la línea de la pobreza y una economía informal de cerca de 50% que no tributa, el peso y la magnitud de las administraciones públicas recae sobre la cada vez más pequeña porción de los argentinos que viven dentro del régimen tributario. Y dentro de ella, miles y miles de pymes que -como siempre- son el pato de la boda.

Cuatro aspectos esenciales

Ante esta realidad, deberíamos resolver prioritariamente los cuatro aspectos que considero esenciales en la actual política económica que inciden fuertemente en la economía real de los argentinos y que son:

1. La falta de reordenamiento administrativo y funcional del sector público en su tres jurisdicciones, municipal, provincial y nacional, no sólo en el control de los gastos y recursos, el armado de los presupuestos y el nivel de endeudamiento sino también y fundamentalmente en la profusión de secretarias, subsecretarias, direcciones, subdirecciones, agencias, etcétera, etcétera, sin que se resuelvan los aspectos centrales en infraestructura, educación, salud, seguridad y vivienda.

2. Promoción del empleo digno, considerando que -si cada pyme pudiese tomar dos empleados- bajaríamos substancialmente los índices de desocupación e indirectamente descendería el porcentaje de los que hoy subsisten por debajo de la línea de la pobreza. Esto posibilitaría que muchos argentinos ingresen al círculo virtuoso de la economía del trabajo y la producción y ser dignamente responsables de tributar al Estado lo que le correspondiera.

3. Blanqueo de las actividades productivas y comerciales que funcionan generando miles de puestos de trabajo pero no están en condiciones de responder a la fuerte presión impositiva como al alto costo de los servicios esenciales.

Más allá de aquellos que delinquen trabajando al margen de la ley, existen millones de argentinos que sólo pueden subsistir escondiéndose de la voracidad estatal.

4. Generación de actividades con gran demanda de mano de obra, como puede ser la construcción de viviendas para los sectores que no alcanzan a cubrir el pago de las cuotas de los planes ProCreAr, con el doble objetivo de achicar el déficit habitacional y generar miles de puestos de trabajo, ya que la inversión en las grandes obras públicas no han conseguido dicho objetivo, aun considerando que muchas de ellas son más que necesarias. Somos conscientes de que resolver este dilema no es ni fácil ni sencillo, como que también es imposible que lo solucionen los gobernantes por sí solos. Mucho se ha hablado de la confluencia público-privado -mal interpretada por algunos gobernantes y empresarios, cuando la consideran una herramienta para hacer obras y generar negocios.

La confluencia entre los gobiernos y la sociedad es fundamental cuando se coincide en el diagnóstico, en las prioridades y en las soluciones esenciales que necesitamos los argentinos. Por lo tanto, debemos convenir que para resolver la problemática nacional es imprescindible el concurso del pueblo organizado. Y esto significa que muchos dirigentes deben dejar el cargo cuando lo consideran un privilegio o cumplir con la responsabilidad ética y moral de concertar entre los gobiernos y las organizaciones sociales, gremiales y empresariales un plan que involucre y comprometa tanto al sector público como a la sociedad en su conjunto, en la definición y ejecución de las políticas de Estado.

Desde la órbita nacional, se han lanzado algunas de estas medidas con la intención de achicar los gastos del estado, produciéndose miles de cesantías, lo que convierte a las personas en las monedas de cambio. Y en esto seamos claros al considerar que la culpa no la tienen los empleados sino quienes los emplearon, por lo que es fundamental que tanto los dirigentes que asumen responsabilidades públicas como los que están al frente de las entidades intermedias dejen de jugar en favor tanto del partido de turno como de sus intereses personales y trabajen con responsabilidad para el bienestar general de todos los argentinos.