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Industria avícola está “desarmando inversiones para no desaparecer”

UNA INDUSTRIA ampliamente tecnificada, con productos competitivos pero ahora con dificultades.

UNA INDUSTRIA ampliamente tecnificada, con productos competitivos pero ahora con dificultades.

“Si no es la tormenta perfecta, se le parece bastante”, dicen los empresarios de un sector aquejado por alza de costos, alta presión fiscal y caída del consumo en lo interno. Y, en el exterior, el panorama no mejora. Pronostican menos producción y pérdida de puestos

Por Javier De Pascuale – jdepascuale@comercioyjusticia.info

En los últimos diez años, el sector avícola logró posicionarse como segunda opción después de la carne vacuna, supo ganar espacios con inversión propia y conquistar mercados externos.
Pero así como una industria puede, bajo las condiciones adecuadas, desarrollarse rápidamente, cuando esas condiciones cambian también puede decaer muy velozmente. Es lo que parece estar pasando en parte de la industria avícola, hoy afectada por una altísima presión tributaria, alza de costos, caída del consumo y exportaciones en caída libre.
“Ése es el panorama y si no es la tormenta perfecta se le parece mucho”, considera al respecto Santiago Perea, secretario de la Cámara Argentina de Productores Avícolas (Capia). “Todas las variables están mal, el escenario es muy complejo y si no se revierten esas condiciones las consecuencias para este sector serán muy graves”, pronosticó.
“Construir una actividad y hacerla crecer lleva décadas de mucho sacrificio y capital, pero puede destruirse en días”, explicó. “Nosotros, sin crédito a largo plazo, con reinversión de utilidades y mucho trabajo, logramos que el sector creciera por tres veces su tamaño en pocos años. Esta actividad se desarrolló en forma explosiva. Ahora le diría que estamos exactamente en el lado opuesto, viendo cómo no desaparecer achicándonos, desarmando inversiones en todo caso”.
Con relación a las negociaciones de los productores avícolas con las empresas privadas, Perea destacó: “Las relaciones son malas con todo el mundo; el sector está en muy mal momento y eso repercute en toda la cadena”, y agregó que, aunque existieron reuniones con funcionarios del Gobierno, no hubo ninguna solución concreta.
El sector avícola se caracteriza por la presencia de unas 40 empresas de mediana y gran envergadura y una dispersión de pequeños productores.
“Las subas en la energía, la actualización de salarios, la inflación en última instancia deja muy poco margen para negociar y eso resiente las relaciones al interior de la cadena”, precisó el dirigente sectorial, al considerar “complejas” las perspectivas futuras de la actividad. “Si esto sigue así, habrá cierre de fábricas, menor producción y pérdida de empleo para los próximos meses”.

La industria avícola, que se dedica a la producción de carne aviar y de huevos y los derivados y procesados de esos productos emplea en el país a unas 100 mil personas de modo directo “y diría varias veces esa cifra en puestos indirectos”, según Perea. Aunque la Capia no tiene medidos los puestos de trabajo perdidos en la actividad, algunos números, como los de las exportaciones, confirman la difícil coyuntura del sector.
Si bien la faena de aves se mantuvo e incluso creció este año y hasta mayo 6,2% con relación al mismo período del año pasado, aún sigue por debajo de los números de 2015. Y la exportación está mostrando números escalofriantes en cuanto a su rendimiento en dólares, según las cifras informadas por el Ministerio de Agroindustria de la Nación.

Exportaciones de carne aviar
De facturar US$25 millones mensuales a arañar US$6 millones

Las exportaciones avícolas argentinas rinden casi 20% de lo que rendían hace sólo dos años atrás, según datos oficiales de Agroindustria. Mientras en 2015 se embarcaban con destino a mercados externos en los primeros cinco meses del año un promedio de 15 mil toneladas mensuales, que dejaban cerca de 25 millones de dólares al mes, durante 2016 se pasó a un ritmo de poco más de 10 mil toneladas mensuales y con un ingreso de poco más de nueve millones de dólares mensuales.
La caída de los precios internacionales parece haberse estabilizado, al punto de que -a pesar de haberse recuperado este año los embarques en más de 20%- los ingresos en dólares contantes y sonantes siguen en torno de un promedio de US$6 millones mensuales. De este modo, el sector pasó en sólo dos años de facturar 125 millones de dólares en los primeros cinco meses del año, a un nivel de casi 30 millones, una caída de 76%.
Esos números corresponden a productos comestibles, que es el rubro más competitivo. Si incluimos otros subproductos con los que trabaja la actividad, los datos son aún más negativos. Las ventas totales de pollos y pavos enteros, trozados y subproductos mejoraron en embarques este año 20% respecto de 2016, pero los ingresos cayeron 48%.

Sube y baja

El sector avícola nacional tuvo un crecimiento explosivo en los últimos 10 años. Ganó en el consumo interno y en las exportaciones.

Pero el segundo semestre de 2015 marca un punto de inflexión en ese derrotero y el rubro comienza a transitar dificultades diversas.

Hoy, los números muestran un sector en plena actividad, pero con desafíos internos y externos. Reacomodarse ante el nuevo contexto es el mandato. Algunos posiblemente no lo logren.

6,4 % aumentó la faena de aves en el país en los primeros cinco meses del año, respecto del mismo período de 2016. Sin embargo, aún se mantiene por debajo de los números de 2015, que fueron casi 3 puntos superiores en la producción.