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“Oyentes activos”, rol de los equipos de salud en los casos de violencia de género

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda cinco medidas o acciones que puede desarrollar el personal de los centros médicos para afrontar esta problemática

Por Luz Saint-Phat – lsaintphat@comercioyjusticia.info

Casi todos los días, las noticias del país y del mundo relatan historias de mujeres que son o han sido víctimas de violencia de género.
Más de una vez, las experiencias son descarnadas y casi inverosímiles por la crueldad que conllevan y las marcas permanentes que trazan en esas vidas.
En la búsqueda de estrategias que posibiliten abordar esta problemática, que se registra a escala global, Ian Askew, director del Departamento de Salud Reproductiva e Investigaciones Conexas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), destaca la importancia de que los equipos de salud desarrollen aptitudes de escucha activa y primera contención de las víctimas, incluso si se trata de profesionales que no están vinculados con el campo de la salud mental.
“Las personas que escuchan de forma activa no sólo escuchan con los oídos. También lo hacen con los ojos y el corazón. Son capaces de oír más allá de las palabras, de mostrar empatía y de observar los sentimientos y el lenguaje corporal que acompañan lo narrado. Muestran su apoyo siendo respetuosas y absteniéndose de emitir juicios de valor”, señala en su escrito el directivo de la OMS.
En este sentido, el ejecutivo apela a promover el potencial de los trabajadores sanitarios como “oyentes activos”. “Los proveedores de atención sanitaria se asoman a diario a la vida y la salud de sus pacientes desde una perspectiva única, y pueden prestar un apoyo sumamente importante a las mujeres víctimas de la violencia”, señala el texto, que puede consultarse en Internet (http://www.who.int/mediacentre/commentaries/2016/health-workers-women/es/).
“El personal de salud se encuentra pues en una posición única para ayudar a subvenir a las necesidades sanitarias, psicosociales y jurídicas de las mujeres que han sufrido actos violentos, incluso en los casos en que los recursos son limitados”, asegura el especialista.

Cinco medidas
En torno a estas definiciones, la OMS recomienda cinco medidas o acciones que los profesionales pueden desarrollar al enfrentarse con casos de violencia de género.
“Escucharlas atentamente, con empatía y sin juzgarlas; intentar conocer sus necesidades y preocupaciones; reconocer su vivencia mostrándoles que se las comprende y se les cree; reforzar su seguridad previendo un plan para evitar que les sigan haciendo daño; y prestarles apoyo ayudándolas a acceder a información, a diversos servicios y a apoyo social”, son los aspectos a tener en cuenta, según indica la organización.
“Este apoyo de primera línea es probablemente el más importante que puede prestar un profesional sanitario. Quizá sea lo único que necesite la mujer y la única oportunidad que tenga ese profesional para proporcionar cuidados”, asegura Askew.

Urgencia
No obstante estos señalamientos, la mayoría de las instituciones de salud (públicas y/o privadas) del mundo no forma ni brinda entornos que favorezcan este sentido de escucha atenta en sus profesionales de salud.
“Un proveedor de salud bien formado puede ser el oyente activo que contribuya a cambiar la vida de una mujer víctima de la violencia. Ahora bien, la formación no basta por sí sola. Ese profesional ha de trabajar en un entorno en el que pueda escuchar y actuar con respecto a lo que oye”, dice el directivo de la OMS.
“Para ello, es necesario que el sistema de salud apoye y dote de medios para actuar a los proveedores de atención sanitaria, de forma que puedan adquirir y aplicar conocimientos teóricos y prácticos para afrontar la violencia. El respeto de la privacidad y la confidencialidad son indispensables”, señala Askew.
“Por desgracia, en la mayoría de los países esas condiciones no se da. En la mayoría de los países, los profesionales sanitarios no reciben la preparación teórica y práctica que necesitan para responder de manera adecuada y eficaz a la violencia, y también puede faltar la infraestructura básica que garantice el respeto de la privacidad y la confidencialidad”, advierte el especialista en su texto.
“Sólo la mitad de los países ha informado que cuenta con servicios que proporcionan apoyo y atención a las supervivientes de actos de violencia. Pero incluso cuando existen esos servicios, a menudo no se coordinan debidamente, lo que da lugar a gastos ingentes y a largos períodos de espera para las mujeres que más los necesitan. Además, la cobertura y la calidad de esos servicios es limitada”, detalla el director del Departamento de Salud Reproductiva.
“Los sistemas de salud han de integrar la formación sobre la violencia contra la mujer en los programas de capacitación previa al servicio y en el servicio de todos los profesionales sanitarios, de manera que éstos puedan proporcionar atención de calidad a las supervivientes, siguiendo las cinco medidas anteriormente mencionadas y las recomendaciones recogidas en el plan de acción mundial”, sugiere Askew, al referise a las metas trazadas por la organización internacional en el plan de acción hasta el año 2030, para erradicar la violencia de género en el mundo.