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“Los juicios de lesa humanidad no pueden llevarse adelante sólo con el discurso jurídico”

la perla

Lo expresó Fabiana Rousseaux, ex directora del Centro “Dr. Fernando Ulloa”, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y actual coordinadora de la red Territorios Clínicos de la Memoria

Por Luz Saint-Phat – lsaintphat@comercioyjusticia.info

En su paso por Córdoba, Fabiana Rousseaux ofreció una charla en el Archivo Provincial de la Memoria, en el marco de un proyecto de investigadores y docentes del Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) sobre el terrorismo de Estado en la provincia.
Rousseaux es piscoanalista, ex directora del Centro de Atención a Víctimas de Derechos Humanos “Dr. Fernando Ulloa”, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, y actual coordinadora de la red de profesionales Territorios Clínicos de la Memoria.
En diálogo con Comercio y Justicia, la especialista explicó detalles sobre los dispositivos de acompañamiento que se han implementado en el país para testigos de juicios por lesa humanidad, quienes también han sido víctimas del terrorismo de Estado. Rousseaux indicó además el valor de incorporar el psicoanálisis en la construcción de estos dispositivos.

-¿Qué puede aportar el psicoanálisis al proceso de reconstrucción de memoria colectiva de la historia del país, específicamente de lo acontecido durante la última dictadura?
- Lo que puede aportar el psicoanálisis es una mirada en la que se incluya al sujeto como un nudo dentro de una política común. La política vinculada con los procesos de reconstrucción de memoria -en particular los que ha asumido el Estado durante los últimos años en Argentina y también en otros países de la región- nos hizo pensar mucho a quienes trabajamos en políticas públicas en qué lugar queda el sujeto, la particularidad del uno por uno en el marco de una construcción común.
Tanto la historiografía como la sociología y demás disciplinas que abordan los procesos de memoria tienden a pensar la construcción desde lo colectivo, lo cual es un hecho central porque lo colectivo tiene efecto sobre lo subjetivo. Pero lo que nosotros pudimos corroborar a partir del psicoanálisis es la introducción de lo particular, lo íntimo de cada sujeto. Es decir, posibilita habitar la contradicción entre el caso por caso en el marco de la construcción de una política pública común.

-¿En qué consiste el dispositivo para trabajar con los testigos de las causas por delitos de lesa humanidad que también fueron víctimas del terrorismo de Estado?
-Lo constituimos resiginificando el concepto de acompañamiento. Fue todo un debate acompañar a los testigos en el proceso de sus declaraciones, teniendo en cuenta todo lo que esto significa para los testimoniantes y lo que les sucede a partir de que el tribunal los convoca, con toda la carga que eso conlleva y la actualización de ciertos terrores que necesitan un espacio de contención. Y fue toda una discusión, porque el acompañamiento es también una palabra que proviene del campo de la psiquiatría y hacía pensar que se psicologizaba el dispositivo y entonces el testigo terminaba siendo un paciente.
No obstante, concretamente se trató de construir ese acompañamiento para que cada sujeto pudiera llegar en las mejores condiciones posibles a su declaración.

-¿Qué aportes tuvo este proceso para los sujetos que participaron de la experiencia?
-Es una experiencia absolutamente transformadora, al punto de que muchos de los testigos que participaron han realizado unas devoluciones muy reveladoras para nosotros. Tiene que ver, justamente, con que pudieron ubicarse en el lugar de asumir con responsabilidad ese acto testimonial, que de otra manera no lo hubieran podido hacer o lo hubieran hecho con un costo muy alto, ya que hablar siempre tiene efectos.

-¿Cuál sería la contribución que este tipo de trabajo tiene para la justicia y la sociedad en general?
-Nosotros hemos trabajado también en esta construcción con todo el proceso judicial. Con los jueces, con los operadores judiciales, con los abogados, con las querellas y con los colectivos que acompañaron históricamente a los testigos. Entonces, el aporte fue introducir la idea de que estos juicios de lesa humanidad no se puede llevar adelante sólo con el discurso jurídico y mucho menos sólo con el peso del discurso duro del derecho penal. Quizás podemos decir que funcionamos, en ese dispositivo, como traductores entre lo que le sucede al testigo y lo que espera la justicia.