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“Estamos atravesados por procesos complejos que pueden diferir del almanaque”

brindis

La licenciada en Psicología Adriana Schapira afirma que es importante “desdramatizar la cuestión del tiempo que siempre nos está corriendo, falta y es poco, en función del mandato de productividad”

Por Luz Saint-Phat - lsaintphat@comercioyjusticia.info

Llega un nuevo año en el calendario occidental que, usualmente, está acompañado de reflexiones y balances, además de proyectos e iniciativas para el ciclo que comienza.
No obstante, esta práctica común entre muchos puede ser causa de malestar si no se tiene en cuenta la complejidad del ser humano.
La licenciada en Psicología Adriana Marcela Schapira -especialista en Psicología Clínica y delegada del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba- dialogó con Comercio y Justicia al respecto.
Schapira destacó que el fin de año es un evento del calendario que no necesariamente coincide con las experiencias individuales. También invitó a “desdramatizar” la cuestión del tiempo y a conectarse con el placer.

- ¿Por qué el fin de cada año resulta una época importante para las personas? ¿Es usualmente tiempo de balances?
- En realidad, el fin de año es una convención en la cual aparentemente se termina un ciclo y comienza otro. No obstante, tenemos que tener en cuenta que todos los conflictos y las cuestiones individuales y vinculares continúan desarrollándose. Aun así, la mayoría de las personas suele programar -debido a este corte cronológico y convencional- muchas cosas para el año siguiente y hacer un balance en función de las expectativas que había para el ciclo que finaliza, delineando nuevas perspectivas y proyectos.

- ¿Este tipo de reflexiones, en las consultas clínicas, surge como causa de malestar o aparece como una oportunidad?
- Están las dos cosas. Por un lado, puede surgir el padecimiento cuando el saldo de ese balance es negativo en función de expectativas muy altas que posiblemente no se cumplieron; o en función de frustraciones que siempre suceden y que algunos sujetos toleran mejor que otros.
Además, está el agregado de las fiestas de fin de año que también causan mucha movilización por los encuentros familiares y por las reuniones que se suscitan con afectos. En esta época, hay un mandato muy fuerte de que todo sea armónico, amoroso y pacífico, lo cual a veces está muy lejos de la realidad ya que, en ocasiones, se desatan verdaderos conflictos.
Así, podemos decir que no es muy operativa la convención de fin de año porque alude al tiempo cronológico y los seres humanos estamos atravesados por procesos complejos que pueden diferir del almanaque. Entonces opera mucha veces este plazo, este tiempo cronológico como una presión y un mandato, en una sociedad como la nuestra, capitalista y con fuertes imperativos de consumo y progreso económico.
También pueden generar malestar las cuestiones afectivas que no se lograron en el año o que no se pudieron desarrollar según los deseos de cada sujeto. Tenemos que tener en cuenta que a cada uno esta época le impacta según su historia y las características de su personalidad. Vamos a encontrar el eufórico pero también el más realista. Además -si bien el balance de fin de año es individual, singular y subjetivo- es muy difícil sustraerlo del contexto sociopolítico imperante.

-¿Cómo orientarse para que el año nuevo sea una posibilidad y no una fecha límite?
- Justamente, se trata de no caer en la trampa del tiempo cronológico y entender que los tiempos del sujeto son otros y que no tienen por qué coincidir con el fin de año, sino que tienen que ver con desarrollos y posibilidades que van a otro ritmo. Si uno pudiera tener claro esto, tomaría estas épocas de manera más tranquila y menos dramática.

-¿Qué otras recomendaciones se pueden realizar desde la psicología para transitar este período?
-Yo diría que es importante no ser tan exigente y que es necesario conectarse con y disfrutar de lo más placentero que tenemos. También es necesario conectarse con los vínculos más saludables. Es fundamental encontrarse con las personas más valiosas y desdramatizar la cuestión del tiempo que siempre nos está corriendo, falta y es poco, en función de un mandato de productividad del sistema.