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Las mujeres en prisión, ¿pueden ser emprendedoras?

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Diecisiete mujeres detenidas bajo la modalidad de prisión domiciliaria accedieron a una línea se microcréditos y ya tienen su negocio. Un plan piloto alentador para la resocialización de un sector muy vulnerable.

Mucho se habla de la necesidad de reinsertar a quienes, por alguna razón, terminaron delinquiendo y luego quedaron detenidos en alguna de las cárceles argentinas. Tras cumplir la condena, deben enfrentar una sociedad que muchas veces los discrimina y un Estado ausente que mira hacia otro lado. El panorama es complejo y adquiere dimensiones aún más dolorosas cuando de lo que se habla es de un universo de mujeres que tienen hijos a su cargo y -en muchos casos- son el único sostén de hogar.

El Servicio de Hábitat y Acción Social (Sehas) es una organización social que viene trabajando desde hace muchos años en Córdoba sobre sectores vulnerables. El año pasado, esta ONG entendió la necesidad de apoyar a las mujeres detenidas y, en ese marco, comenzó a delinear lo que luego fue la puesta en marcha de una línea de microcréditos para emprendimientos destinados a las mujeres con prisión domiciliaria. Lo que comenzó siendo una idea, se materializó después con el apoyo de la Defensoría General de la Nación y el Consejo Nacional de Microcrédito (Conami).

El plan piloto está a punto de cumplir un año. La experiencia ha sido gratificante y esperanzadora relató a Comercio y Justicia, Graciela Maiztegui, directora del Sehas. Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer: el desafío es que se sumen actores claves y que lo que comenzó siendo un plan piloto se convierta en una verdadera política pública.

- ¿Cómo surge esta idea, este programa para mujeres con prisión domiciliaria?
- Esto es una iniciativa que nace del diálogo entre la Defensoría General de la Nación con sede aquí en Córdoba y el Sehas. Nosotros hicimos la propuesta, la Defensoría la toma y luego se suma a trabajar también el Conami. En una primera etapa, lo que hicimos fue difundir la propuesta a las mujeres que estaban en situación con prisión domiciliaria o próximas a salir y fueron 18 las que respondieron positivamente y 17 las que realizaron la capacitación. El programa tiene cuatro etapas: una vez elaborada la propuesta y aprobada, comienza la etapa de capacitación. La idea es que comiencen a mirarse a ellas mismas, las habilidades que tienen y, a partir de allí, analizar qué actividad pueden realizar para contribuir a la economía familiar. Después, hay un momento para el desarrollo de la idea y se les entrega el crédito. Finalmente, la cuarta etapa es la de seguimiento y es muy importante porque no es cuestión de entregar un crédito y listo, la complejidad de la vida de estas mujeres hace que requieran de mucho seguimiento. El acompañamiento entonces es muy importante para que el emprendimiento dé resultado. El programa dura un año y aproximadamente a los seis meses se empiezan a entregar los créditos. Ahora, estamos entrando en la etapa final de sistematización y evaluación de la experiencia porque -justamente- lo que queremos es evaluar cuáles son los resultados para poder formular una propuesta enriquecida con estas experiencias haciendo los ajustes necesarios. No hay que olvidar que como todo proyecto piloto requiere de ajustes.

- ¿Qué emprendimientos pusieron en marcha estas mujeres?
- Fueron varios. Algunas comenzaron con la elaboración de comida, pastelería, kiosco, venta de ropa o de elementos de limpieza.

- ¿Cuánto dinero se les entrega y cómo devuelven estos microcréditos?
- Los créditos son de hasta 10 mil pesos y se devuelven hasta en diez cuotas con tres meses de gracia a una tasa de interés de 6%, que es lo que corresponde según la ley de Microcréditos de la Nación.

- ¿Cuál es el perfil de las mujeres que se anotaron para participar del programa?
- Son en su mayoría mujeres con hijos, muchos de ellos pequeños. Esto motivó que en el programa de capacitación se implementara un espacio lúdico para que puedan asistir las mujeres con sus hijos; hay un equipo especial para atender a estos niños mientras sus mamás están haciendo el taller

- ¿Qué balance hacen de este programa, a qué conclusiones han llegado?
- Esto comenzó el 2 de mayo del año pasado y termina el próximo 30 de abril. Estamos haciendo el balance y el proceso de evaluación. De cualquier manera, el primer balance que surge rápidamente es la importancia que le dan estas mujeres al hecho de ser valoradas, de tener un espacio de encuentro donde expresarse. No están muy acostumbradas a esto y ayuda en su autoestima. Esto ya es muy valioso. Con respecto a las demás cuestiones estamos haciendo la evaluación.

- ¿Cómo sigue este plan piloto?
-Nosotros hemos sido la organización que coordinó y ejecutó el programa con el financiamiento de Conami y la Defensoría de la Nación pero necesitamos financiamiento nuevamente. Hemos iniciado las conversaciones para poder darle continuidad pero nos topamos con los tiempos del Estado. A nosotros nos parece que es muy importante y muy valioso esto que se hizo, más allá de que hay cuestiones que se pueden ajustar. El principal objetivo es que sea ésta una experiencia que se pueda replicar y termine convirtiéndose en una política pública para la atención de las mujeres en un campo que está muy vacío. El gravísimo problema de las mujeres que han pasado por prisión es volver a reinsertarse en su medio, hay toda una complejidad social y económica. Por eso, este proyecto intenta ser una contribución con miras a poder ir creciendo. Por supuesto es un camino largo pero lo importante es haberlo iniciado, poder visibilizar la problemática y seguir trabajando cada vez con más actores. En este oportunidad han sido estos dos actores, pero hay más que deberían intervenir.