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Fallido proyecto de ley: la vacunación debe ser una política de Estado

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Tal como han establecido los tribunales en sus fallos, hay acuerdo en que la práctica no alcanza sólo al individuo que recibe la droga, ya que excede el ámbito personal. La iniciativa que sugería voluntarizar”  la aplicación fue cuestionada por la comunidad científica y el arco político

La resistencia de algunos padres a vacunar a sus hijos crece en algunos países de Europa, en Estados Unidos y en Argentina -pionera al establecer la vacunación obligatoria y gratuita como bien social colectivo mediante la ley 22909, vigente desde el año 1983-. El proyecto de la diputada de Unión Pro, Paula Urroz, que planteaba terminar con la obligatoriedad de las vacunas, fue rechazado de manera unánime por la comunidad científica y por el Gobierno, que lo tildó de “descabellado”.
La legisladora declaró que se malinterpretó su idea y aseguró que pretendía “aportar a la protección de la población” al incorporar en la práctica el derecho al consentimiento informado. En esa línea, sostuvo que únicamente propuso que la persona a ser vacunada “pueda negarse por indicación médica”.
Victoria Cavoti, patóloga perinatal de la maternidad Ramón Sardá y especialista en Salud Comunitaria, estimó que la aprobación de una ley de ese tipo representaría “un retroceso de 100 años” y, tal como ha establecido la Justicia, remarcó que “vacunar a los niños es un acto colectivo de salud”.
Así, ejemplificó que si un padre no vacuna a su hijo contra el sarampión y va a la escuela con un niño inmunodeprimido quizá el no vacunado curse la enfermedad sin complicaciones, pero si su compañero se contagia tendrá altas chances de mortalidad.
Por otro lado, mencionó un postulado de la salud pública que asegura que “como se vive, se enferma” y enfatizó que el hecho de sugerir que las vacunas dejen de ser obligatorias “es desconocer las diferencias sociales, de higiene y de salud”. Por su parte, el doctor en Farmacia y Bioquímica y titular del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (Safyb), Marcelo Peretta, consideró que “voluntarizar las vacunas es incorrecto”. Así, si bien estimó que está bien informar al paciente respecto de los riesgos que tienen, porque son medicamentos con efectos secundarios, de ninguna manera puede dejarse en manos del paciente la decisión de aplicarse o no una vacuna del calendario oficial.

Jurisprudencia
La jurisprudencia ya se ha pronunciado sobre el asunto. El año pasado, el Superior Tribunal de Justicia de Jujuy confirmó el rechazo del amparo promovido por una mujer que se resistía vacunar a sus hijos, argumentando que hay un plan alternativo de inmunización basado en el modelo homeopático que garantiza “el mismo resultado”. El tribunal sostuvo que la materia bajo análisis versa sobre la obligación que pesa sobre el Estado, en su carácter de garante de la salud pública, y los alcances del derecho constitucional a la salud. “Hay una decisión política con el fin de proteger el interés del niño que se traduce en la vacunación obligatoria”, concluyó, acotando que ésta se funda en razones de interés colectivo pues la carga no alcanza sólo al individuo que recibe la droga, porque los beneficios exceden el ámbito personal.
Otro precedente que cabe destacar es la sentencia que dictó en el año 2010 la Suprema Corte de Justicia bonaerense, que descartó que los paradigmas del modelo homeopático -en especial, los ayurvédicos- pudieran reemplazar la vacunación e intimó a los padres de un recién nacido a inmunizarlo.
En los últimos años, el auge del movimiento antivacunas “resucitó” enfermedades consideradas erradicadas, como sucedió con el sarampión en Europa y Estados Unidos.
Uno de los argumentos de quienes se oponen a inmunizar a sus hijos es que las vacunas causan autismo, pero los estudios al respecto probaron que éste es un trastorno genético.
También aducen que “no son seguras”, pero los especialistas subrayan que no sólo son eficaces sino “extremadamente seguras”.
En Argentina no hay muchos grupos antivacunas, pero los miembros de los pocos en actividad tienen como denominador común que confían su salud y la de sus hijos solamente a la medicina “alternativa y naturista”.

Según el prestigioso  infectólogo Daniel Stamboulian, “después del agua potable, no ha habido ningún elemento que haya permitido controlar la morbilidad y mortalidad en la población como las vacunas”.