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“No hay crecimiento sin innovación y no hay innovación sin cooperación”

cosechadora

El ABC de la asociatividad público-privada-académica, al mismo tiempo que nacional e internacional, para resolver cuellos de botella u obstáculos en la producción, según un experto de las Naciones Unidas

Por Javier De Pascuale – jdepascuale@comercioyjusticia.info

“Sin innovación, el potencial de crecimiento de la economía va a ser limitado, no se va a expandir. Usted puede tener en su país un crecimiento económico de cuatro por ciento y sentirá que habrá llegado a su máximo potencial. Pero de alguna forma se tiene que dar un salto para mover la barrera y crecer más alto, y reducir más rápidamente la pobreza, por ejemplo. Ésa es la lógica con la que trabajamos en la FAO”, explica Dennis Edwin Escudero Valverde, consultor y economista del Centro de Inversiones de la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la organización que gerencia los proyectos estratégicos a escala internacional que se encargan de la lucha contra la pobreza y de monitorear la sustentabilidad alimentaria de la población mundial. Es, además, quien gerencia los proyectos de innovación en esa organización, financiados en gran medida por el Banco Mundial.
Este investigador peruano, experto en la temática de la innovación, explica que ésta es la sinergia que se da entre los sectores públicos y privados de un país, en colaboración con ámbitos académicos y organismos regionales e internacionales en torno del abordaje de una problemática en particular, entendida ésta como un obstáculo en el desarrollo de una cadena productiva o un cuello de botella en un proceso de producción y distribución.
Son varios los organismos multilarelales y globales que tienen experiencia en el diseño, implementación, monitoreo y evaluación de proyectos y programas orientados al desarrollo económico y social con énfasis en seguridad alimentaria y sistemas agropecuarios. En todos los casos, trabajan en proyectos que usan mecanismos de asociación público–privada, negociaciones intergubernamentales y relaciones comunitarias.

No hay política agraria adecuada sin análisis macroeconómico, microeconómico y econométrico sobre las necesidades globales de alimentos y las posibilidades de los sistemas agropecuarios. Y los poseedores de esa información, de los equipos técnicos para su análisis y de la experiencia para el diseño de proyectos para llevarlos a cabo son los organismos multilaterales e internacionales.
“Algunos países tratan de impulsar la innovación en diferentes sectores como una política de Estado. Y en ese marco han creado estructuras institucionales para promover y/o dinamizar la innovación, creando incentivos y mecanismos específicos”, explica Escudero Valverde.
“En particular, en los países emergentes, los ministerios de Agricultura, Ganadería y/o Pesca empiezan a ver la necesidad de invertir fuertemente en innovación en estos sectores productivos, que tienen un peso específico muy grande en su economía”, destaca.
El experto relata cómo los proyectos de innovación en agricultura buscan fortalecer los sistemas nacionales de innovación agraria, pero advierte que “esto no es una tarea fácil de realizar, ya que el concepto de sistema es muy amplio y difícil de delimitar”. En la práctica, “lo que hacemos es considerar como parte del sistema a todos los actores, agentes y/o entidades públicas o privadas del sector agropecuario que tienen alguna relación con los temas de investigación e innovación. Por ejemplo, las facultades de agronomía o de biología de las universidades o las empresas privadas que también hacen investigación académica, o los institutos nacionales de investigación, organizaciones de productores, etcétera”, precisa.

Los proyectos que financia el Banco Mundial “van a eso, a fortalecer el sistema y su funcionamiento incentivando el trabajo cooperativo entre sus miembros. Cada sistema de innovación cuenta con un ente rector, que por ejemplo, para el caso del sector agropecuario, es el Instituto de Investigación e Innovación Agraria de cada país, que es el encargado de dinamizar y manejar los incentivos o fondos para promover el trabajo conjunto y generar nuevos procesos, conocimientos y tecnologías orientadas a solucionar problemas, mejorar productos y crear valor agregado en el sector”.
De modo que en la visión del Banco Mundial, por ejemplo, existe una entidad rectora, que es una institución pública, con una visión estratégica elaborada. Sin embargo, eso no significa que el Estado sea el responsable de la investigación y/o la innovación agropecuaria, sino que “la entidad rectora respectiva trata de aprovechar lo mejor de cada actor del sistema”, subraya el experto.
¿Cómo llevan a cabo los proyectos de innovación? Gestionando fondos competitivos, por ejemplo. “Para postular a ellos, varias instituciones que pertenecen al sistema de innovación se consorcian y presentan proyectos. Son productores, universidades, empresas privadas… que aprecian el potencial de un producto, o incluso entidades extranjeras que aportan su visión y conocimientos en cuanto a procesos y tecnologías. Esta asociación de actores, permite, estratégicamente, crear sinergias y así acrecentar las posibilidades de generar innovación tecnológica. La idea es tratar de ser práctico pero trabajar de manera articulada y colaborativa. No hay otro modo de trabajar junto al Banco Mundial o junto a los organismos internacionales”, enfatiza este experto peruano, al dejar en claro que no hay crecimiento sin innovación, y no hay innovación sin la creación de un sistema sinérgico y cooperativo de asociación entre actores nacionales del ámbito público, el privado y las casas de altos estudios, con el apoyo y la recurrencia a la expertise de los organismos internacionales.